Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
El silencio no podía durar mucho. El gobierno tenía que explicar por qué había rechazado la donación que el gobierno alemán ofreció para que, siguiendo las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), se construyera un Museo de la Memoria. Y fue Alan García, para variar, el primero en hablar ante las cámaras. Tras reconocer retóricamente que “en la época del terrorismo los gobiernos de turno cometieron abusos terribles”, los justificó determinando que “estos excesos no fueron intencionales”; y dando una suerte de salto al vacío, les hizo saber a “los señores alemanes” que “si amplían su oferta, nadie podría negarse, mucho menos yo”. Y es que este Museo de la Memoria no es democrático ni incluyente como él quiere que sea; es, por el contrario, “patrimonio de un solo grupo”, y entiende que “por más inteligente que sea (el grupo) la memoria es nacional”. Así, tras enfrentar sutilmente a la 'inteligencia’ con ¿las masas?, ¿las mayorías no educadas?, ¿los pobres?, exhibió luego su pragmatismo y sentido práctico: “Ese dinero se debería invertir en las comunidades en extrema pobreza y en las víctimas directas de la violencia terrorista”. Días después salió a declarar el congresista aprista Édgar Núñez. Vea usted lector, lectora, cómo 'traduce’ las palabras de su jefe. Los 'inteligentes’ pasaron a ser las ONG y les pidió que en lugar de promover donaciones “para levantar el Museo de la Memoria” deberían impulsar “la construcción de un hospital para dar tratamiento a gente lisiada que ha quedado tanto de la sociedad civil como de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas”. Que el museo no es democrático ni incluyente, lo expresó así: “No necesitamos monumentos como el de la Comisión de la Verdad que se tira para un extremo y se olvida de otra parte”. Finalmente, avanzó con una acusación que empaña la transparencia de la donación: “Este es un lobby orientado y manejado por la Defensoría del Pueblo, para manejar y contratar, con más de un millón 300 mil dólares, burocracia administrativa caviar”. Pero lo que García elaboró con su acostumbrada retórica y Núñez tradujo con menos sutileza, lo expresó la congresista fujimorista Cecilia Chacón con una claridad y contundencia asombrosa: “No necesitamos museos ni tonteras para que nos refresquen la memoria”.