Además:

Nadie sabe para quién trabaja

2011/01/25
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Las campañas electorales nunca son transparentes y los participantes, cuando opinan sobre algo, tienen usualmente otro motivo, distinto al declarado, en mente. Un claro ejemplo se ha visto recientemente con la propuesta para permitir la unión civil entre personas de un mismo sexo. Fue sorprendente cómo un proyecto que fue ignorado durante todo un año, luego de haber sido presentado al Parlamento, se convertía de pronto en el tema del día ante la insistencia por comentarlo y por aparentar apoyarlo de parte de algunos candidatos. Por otro lado, fue notorio el hincapié que todos ellos hicieron en resaltar la autoría del proyecto a pesar de tratarse de alguien en el campo rival. Parecía que lo que realmente se buscaba era identificar con el tema, a los ojos del electorado, a una determinada plancha presidencial. Después entró a tallar la Iglesia con una esperada, aunque muy agresiva, oposición, poniendo el asunto claramente encima del tapete de discusión. Ahora el segmento eclesiástico ha coronado su desacertada intervención con un obispo llamando “maricones” a los homosexuales, comentario que hará que el proyecto sea, sin duda, eventualmente aprobado. Incluso, en el transcurso de la semana también hemos tenido exabruptos homofóbicos por parte de candidatos; sin embargo, el proyecto de ley ha continuado siendo tratado. Al final, da la impresión de que a los que pensaron que iban a lograr hacerle daño electoral a un rival o a quienes buscaban enterrar definitivamente la posibilidad de que la propuesta fuera aceptada, les habría salido el tiro por la culata. Más bien, lo que ha quedado como resultado de este intenso debate ha sido que los principales candidatos presidenciales apoyen abiertamente –o se hayan visto obligados a decirlo públicamente– el proyecto de ley en cuestión. Mientras se ha hecho evidente el creciente apoyo de la población a una corriente de opinión a favor de sincerar la relación de pareja entre adultos de un mismo sexo, siendo este un año electoral, ello debe de garantizar su aprobación en el Congreso. Con ello, paradójicamente, quienes se encuentran en la orilla opuesta a la modernidad han terminado siendo determinantes para posibilitar que se pueda dar un paso adicional para fortalecer la facultad del ciudadano a vivir plenamente ejerciendo su opción y consolidar el derecho individual a la libertad de elección.