Además:

Nada por aquí, nada por allá…

2008/07/29
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No hubo sorpresas en el mensaje del presidente Alan García: un interminable recuento de lo actuado, cifras tras cifras que mareaban al más atento sobre carreteras y otros rubros; reiteración de propósitos, incluida nueva insinuación de juntar a los desperdigados pequeños pueblos serranos; y reconocimiento de que la inflación es un problema, pero sin anunciar medidas precisas. Sin embargo, el mensaje adoleció, sobre todo, de objetivos. El presidente habló de carreteras construidas, pero no estableció parámetros para reconocer los avances ni señaló cuánto la construcción de unas y otras servirá para comunicar más a las poblaciones del sur o del norte del país o para poner en valor determinados productos de esas regiones. Como decía el economista Élmer Cuba, es similar a que en una casa se diga “he comprado arroz, aceite, papas, ajos, pollo….”, pero sin decir qué plato se quiere preparar. El presidente habló de insumos o de actividades, pero no de fines. Por eso evadió mencionar el futuro: a diferencia del año pasado, cuando propuso metas cuantitativas para el año 2011 (que le pudieron servir para evaluar los avances), esta vez no quiso arriesgar una imagen futura del país. La falta de sintonía con el sur y con la Amazonía es penosa: no dijo nada que les hablara en particular. O al presidente no le interesa qué piensan esas poblaciones porque considera que puede gobernar sin ellas, como hasta ahora, o no tiene nada que plantearles porque el modelo de crecimiento tipo 'perro del hortelano’ no las incluye mayoritariamente.