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Un mundo, una crisis, distintas visiones

2008/11/25
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Nadie puede poner en duda que Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, está a la cabeza de un gobierno de centroderecha. La ideología del mandatario francés ha sido siempre clara y siempre ha actuado en consecuencia. Sin embargo, en la Asamblea General de la ONU no ahorró epítetos para fustigar duramente al capitalismo financiero y, desde entonces, está exigiendo una nueva regulación en la economía mundial. Por su parte, el canciller francés Bernard Kourchner habló de capitalismo “descabellado” y afirmó que Bush practicó una “nacionalización a costa de los pobres para atenuar los desvaríos de la especulación”. Sarkozy, presidente este semestre de la Unión Europea (UE), está en la misma línea de gran parte de la prensa de su país, que se muestra indignada por el “paracaídas de oro” que han recibido los responsables directos de la crisis por la que atravesamos. Opinan los especialistas que Sarkozy y sus aliados creen que se saldrá de esta crisis con “más Estado, más protección y más regulaciones”. Lo contrario de lo que ha reflejado parte de la prensa local con respecto a las conversaciones del APEC y lo que han expresado públicamente funcionarios de EE.UU., quienes quieren salir del pantano consumiendo la medicina que provocó el desastre. Lo que podría definirse con un huir hacia adelante que seguramente cambiará de rumbo cuando, en enero, asuma Obama. Cuál será el grado de coincidencia de este último con las opiniones de Sarkozy y de la UE está por verse pero, en todo caso, no creo que se presente este frente esquizofrénico que aconseja atacar el mismo mal con estrategias profundamente disímiles. El diario francés Liberation publicó en octubre un editorial donde dice: “Keynes se toma una revancha amarga y explosiva. Llegó la hora de reconocer públicamente que el gasto público no es siempre un despilfarro (sirve, en todo caso, para salvar al sistema bancario de su perdición). Es hora de admitir que la reglamentación no es diabólica, sobre todo cuando tiene por finalidad prevenir las 'crisis sistémicas’, para luego afirmar la esperanza de que 'una Europa desembarazada de los dogmas de la ortodoxia tiene una ocasión histórica’”. Desembarazarse de “los dogmas de la ortodoxia” me suena a racionalidad, a sentido común, a marcha a favor de la historia, a colocarse, por los cambios habidos, a la altura de las circunstancias. ¿Seremos capaces de lograrlo por estas tierras? Soldados de invierno: Irak y Afganistán: Relatos de la ocupación por testigos presenciales es el título de un libro publicado en inglés por Haymarket Books. Solo un avance: Dice un testigo: “Cuando me alisté en el Ejército, me dijeron que el racismo ya no existe en las Fuerzas Armadas. Pero, luego del 11-S, escuché palabras como 'cabeza de toalla’, 'jockey de camellos’ y 'nigger de las arenas’. Las palabras no provenían de soldados, sino de mis superiores: el sargento, mi sargento primero, el comandante de mi batallón. Para la cadena de comando, esos ponzoñosos términos racistas eran ahora aceptables”.