Además:

La mujer del César

2011/01/17
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Finalmente se produjo, en la plancha presidencial del Partido Aprista, el desenlace que parecía inevitable y anunciado desde hace un par de semanas. Así tenemos que la candidata Mercedes Aráoz ha renunciado a seguir liderando las aspiraciones del partido de gobierno luego de que Jorge del Castillo fuera elegido como cabeza de lista al Congreso. Cabe recordar que Del Castillo fue quien se rebeló públicamente y se negó a aceptar su exigencia de que no postularan dirigentes con problemas judiciales. En ese sentido, es evidente que el Partido Aprista, con un equivocado espíritu de cuerpo, ha preferido priorizar los vínculos con sus correligionarios antes que la imperiosa necesidad de marcar distancia, ante el país, con la peor tara que está dejando nuevamente el Apra luego de su segundo paso a cargo del gobierno, la cual es una sensación de corrupción que es bastante generalizada. Ante ello, Mercedes Aráoz, como la mujer del César, ha declinado postular a la Presidencia, con lo cual no solo demuestra que es una persona de principios sino que tiene algo que es muy raro en la política peruana, que es voluntad de renuncia y decencia. Con esto, sale por la puerta grande luego de su breve paso por los oscuros corredores de las maniobras electoreras partidarias. Por otro lado, considerando que para la población peruana los dos principales problemas del país en la actualidad son la corrupción y la inseguridad ciudadana, daría la impresión de que el Partido Aprista está tan interesado en poder ofrecerle inmunidad parlamentaria a un dirigente que, para lograrlo, estaría dispuesto a correrse el riesgo de sufrir un verdadero desastre electoral. Esto último, debido a que la sensación que este episodio partidario está dando al electorado es una de impunidad y protección para aquellos que dejaron un tufillo a corruptela luego de su paso a cargo del Estado. En realidad, es una lástima, al margen de las personas involucradas, que el actual partido de gobierno no haya tenido la grandeza de separar a quienes están cuestionados. Hubiera sido una refrescante señal para la población que en la política también se pudiera exigir honestidad por encima de cualquier otra consideración. Sin embargo, al final lo que queda es justamente lo contrario, una percepción de complicidad que seguirá devaluando al político tradicional ante los ojos de todos los peruanos.