Además:

Muerte sin freno

2008/08/01

Paremos este baño de sangre en nuestras carreteras.

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El choque de dos buses en Ica, con el saldo de siete muertos, es lo más 'normal’ en nuestro país porque las carreteras son, desde hace mucho tiempo, escenario de un baño de sangre descontrolado que ya es parte del paisaje. Lo más sencillo sería hacer lo de siempre frente a estas tragedias: criticar con energía al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, exigir el relevo inmediato del responsable del sector, y esperar al siguiente accidente. Pero más útil sería, a partir del capítulo más reciente de este drama sinfín, emprender una gran cruzada nacional que aúne el esfuerzo de todos con el fin de reducir sustantivamente los muertos en accidentes viales, en los que, durante el año pasado, murieron 3,500 personas. El MTC tiene que liderar este esfuerzo, pero el mismo debe comprometer, por ejemplo, al Ministerio de Trabajo para las inspecciones laborales indispensables en un sector donde la piratería es la norma, y a la Sunat para fiscalizar por el lado de los impuestos. El Ministerio del Interior y la Policía deben actuar con mucho más diligencia con el fin de detener, preventivamente, a tanto delincuente que, bajo el disfraz de chofer, circula por las carreteras. El Congreso debe elevar las penas a los infractores, y el sistema judicial ser más rápido en la aplicación rigurosa de las sanciones. A su vez, los gobiernos regionales y municipales deben asumir un papel activo en el control de los delincuentes del volante. En el caso de Lima, por ejemplo, ¿qué se espera para cerrar el terminal de Fiori, que es de donde salen tantos asesinos del volante? Las pocas empresas serias del transporte público deben participar rápidamente en este esfuerzo. Y quizá lo más importante sea inculcarle al usuario una cultura para exigir condiciones de seguridad básicas con el fin de que su vida no sea puesta en juego en esta ruleta rusa. Este problema resume como pocos otros la falta de Estado en el territorio nacional. Su solución demanda liderazgo político, movilización del compromiso público y privado, y mejora de la gestión pública. Una expresión de lo confundidos que están nuestros políticos es que, siendo un tema tan urgente, nadie tome la bandera de esta cruzada nacional. Mientras, la única que ondea en las carreteras peruanas es la que tiene un par de tibias y una calavera.