Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
En la última semana hubo movimientos en el Congreso que merecen atención. Para empezar, el fraccionamiento de bancadas; Unidad Nacional formaliza la pérdida de dos miembros, militantes de Solidaridad Nacional; ya antes había perdido a miembros de Renovación. Unión Por el Perú también se divide; congresistas disidentes forman nuevos grupos. La ley de partidos y la de barrera electoral estipula que un partido pierde registro y no tiene derecho a acceder al Congreso si es que no obtuvo cuando menos el 4% de votos, o cuando menos cinco representantes en el Congreso. Hubo cambios en el reglamento del Congreso que estipulan que los proyectos de ley tienen que presentarse por grupos parlamentarios, no por parlamentarios individuales, y que cada grupo debería contar con por lo menos seis miembros. En otras palabras, se supone que la política y el Congreso debe girar en torno a organizaciones mínimamente consolidadas, que sean responsables ante el electorado y los ciudadanos. Claramente, es una burla para todos que, una vez llegados al Congreso, los representantes abandonen los grupos políticos por los que todos votamos y, después, hagan cualquier cosa. Una manera de sacarle la vuelta a la ley, por parte de un partido que sabe que no tiene el respaldo suficiente para pasar la barrera electoral, es integrarse a una alianza; una vez adentro, la disciplina y el compromiso con la plataforma de la alianza se pierde. Aquí puede estar el núcleo de los problemas de Unidad Nacional. Urge reformular la legislación y ser mucho más exigentes con las alianzas. Los problemas de UPP son elocuentes de un partido que reclutó desordenadamente individuos sin un compromiso real con su programa. No olvidemos que Torres Caro, Gutiérrez y Espinoza llegaron al Congreso con Ollanta Humala. Frente a esto, algo que podría hacerse es cerrar el registro de organizaciones políticas y organizar la inscripción de candidatos con mucha mayor antelación a las elecciones, para ir conociendo de su trayectoria y desempeño y, así, evitarnos sorpresas, entre otras cosas. En cuanto al aprismo y al fujimorismo, se sigue especulando sobre la posibilidad de una negociación que va más allá del Congreso. Tenemos que estar muy atentos en estas semanas. Si es que efectivamente ha habido negociación, sus efectos deberían verse pronto. La presión pública es importantísima para que no ocurra nada indebido respecto al juicio de Fujimori; habría que hacerle ver al Gobierno que el precio de cumplir con los compromisos, si los hubo, sería mucho mayor que incumplirlos. Y si esto ocurre, veremos seguramente a los fujimoristas muy beligerantes, exigiendo el cumplimiento de lo pactado. Si no pasa nada, y los fujimoristas se muestran tranquilos, entonces es que no hubo negociación.