Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
Tenía 32 años cuando publicó El guardián entre el centeno, novela que muy pronto se convertiría en un 'best seller’. El paso del tiempo, contrariamente a lo que suele ocurrir, no le hizo ninguna mella. Al contrario, desde entonces y hasta hoy, y seguramente hasta el fin del mundo, la novela que el joven Jerome David Salinger publicara en 1951 se convirtió en una 'novela de culto’ que narra el duro e imposible tránsito de la juventud a la adultez de Holden Caulfield. Tal vez porque súbitamente se convirtió en un escritor acosado por periodistas, fotógrafos, críticos, admiradores y lectores; tal vez por timidez; tal vez por el de-sasosiego que le produjo la fama, quién lo sabe, Salinger se instaló en New Hampshire, en la misma casa de campo donde murió, el 28 de enero. Tenía 91 años. Contadas fueron sus salidas públicas desde entonces. Concedió una sola entrevista, en 1974. Eliminó su fotografía de las nuevas ediciones, ordenó a su representante quemar, sin abrir, las cartas que llegaban; llevó a los tribunales a Ian Hamilton, autor de una biografía no autorizada; y en junio pasado demandó por plagio al sueco Fredrik Colting, autor de 60 Years Later: Coming through the Rye (60 años después: Recuperándose del centeno). Y no deja de sorprender que en estos tiempos signados por los afanes del éxito y la fama haya alguien que, de una vez y para siempre, decidiera retirarse del mundo: “Hay una paz maravillosa en no publicar. Amo escribir. Pero escribo solo para mí mismo y mi propio placer”, declaró en esa única entrevista. El mito en que devino tiene, qué duda cabe, el lado oscuro denunciado por su ex amante y su hija Margaret.