Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
Lo que estremece en toda esta tormenta en torno a Carlos Delgado, Claudio Pizarro y manejos absolutamente cuestionables es recordar que ambos supuestamente lideraban el núcleo sano del fútbol, la vanguardia modernizante (con su especialista de resonante), que iba a sacarnos adelante en la lucha contra la corruptela burguista. Almorzaba con colegas y ejecutivos el otro día, cuando una altísima autoridad deportiva preguntó en voz alta por los alcances del caso, como si él mismo no los tuviera claros. Hay que dividir las cosas entre el fuero deportivo y la justicia regular. Lo de la empresa off shore y los impuestos aparentemente esquilmados, por ejemplo, se puede librar dando de comer a varios abogados. Lo de firmar como presidente de Cristal para recibir una millonada que no ingresó al club puede traer problemas… dependiendo de la propia actitud de Cristal, por definirse aún. Pero, en el mundo FIFA, las cosas son diferentes y la gente de Zúrich no permitirá seguir operando a alguien que aparece como representante de un jugador, alguien que actúa como asesor de la entidad compradora y que termina firmando como titular de la tercera entidad beneficiaria de la millonada. Lo demás es morbo y pleito de alcoba a más de dos bandas. Por eso saludo al poco reconocido Gino Pinasco, que ha pronunciado la frase más aguda de toda esta crisis de corruptelas. Lo único que esto demuestra, ha dicho Pinasco, es que uno no debe pelearse nunca con su mujer. Vaya criterio. Lo que uno debe evitar es la duplicidad, los arreglos bajo la mesa, la suplantación de funciones... Todo eso, y con largueza. Además, claro está, se recomienda no maltratar al cónyuge. Lo otro, lo de Pizarro convertido en una midas con chimpunes torciendo voluntades a punta de dinero y sensualidad, no hay que demostrarlo. Lo hemos sufrido por años y nos ha dejado por herencia al malhadado Del Solar.