Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
"Cuando era pequeña, pasaban las temporadas de ópera por la televisión. Yo las veía y, de la emoción, lloraba. Sin duda, la música ya estaba en mi corazón". Daniela Barcellona, una de las mejores mezzosopranos del mundo, nos cuenta lo que la ópera genera en ella. ¿Cuándo descubrió su talento vocal? Canto y toco el piano desde pequeña. Sin conocer nada de música, tocaba el piano. Participaba en todas las actuaciones del colegio. Era autodidacta. También estaba en el coro de la escuela y de la iglesia. Antes que cantante, yo quería ser pianista. Para mí, el canto era un complemento, algo que me divertía, pero nada más. A los 18 años tuve un encuentro casual con el que hoy es mi esposo. Mientras yo estudiaba piano, él estudiaba dirección, y se hizo mi maestro de técnica vocal. Llegó en un momento perfecto para empezar a estudiar porque mi voz, que es muy natural, ya estaba formada. Yo lo tomaba como un divertimento, pero mi voz y mi destino se cruzaron y me llevaron hacia el canto, pues yo quería ser pianista. Y mientras nacía su voz, también aparecía el amor… (Ríe). Así es. También eso se impuso en mi destino. Usted es una mezzosoprano. ¿Qué la diferencia de una soprano? La diferencia está en el color, en el volumen y la extensión de la voz. La voz de una soprano es más potente. Carmen, por ejemplo, es una obra escrita para una mezzosoprano. Si la canta una soprano, se puede crear una pared de sonido, donde la voz no pasa la orquesta y se pierde su coloratura. Una soprano no es mejor que una mezzosoprano. Somos diferentes. Es especialista en 'bel canto’. Explíquenos qué es el bel canto... 'Bel canto’ es 'canto bello’, es decir, algo con más armonía y melodía; quizá por eso llega tanto a la gente. Es un canto muy elegante, rico en expresividad, con roles siempre positivos, como pasa con Tancredi, la ópera de Rossini, el máximo representante del bel canto. Bellini y Donizetti también lo hicieron. La crítica dice que usted hace el mejor Tancredi de la actualidad… (Ríe). No lo sé. A veces lo dice el público, pero yo no puedo juzgarme. Sí le puedo decir que amo esta obra porque le ha dado todo a mi carrera. Empecé en Pessaro, en 1999, con esta ópera, y con ella he recorrido teatros como la Scala de Milán, el Metropolitan Opera House (MET)… Solo me falta el Palais Garnier de París, pero este año cantaré allí (ríe). ¿Qué diferencias hay entre cantar en la Scala y en el MET? Al MET, la gente va a divertirse y a pasar un día tranquilo, con música. En Italia, a veces, el público va a juzgar a los artistas, a oír si hizo bien tal o cual agudo, o si su carrera se está terminando; es decir, no va a divertirse necesariamente. Todos son unos expertos… pasa como en el fútbol, donde todos se creen entrenadores (risas). ¿Esto le incomoda o, más bien, se vuelve un reto? A veces no es muy relajante cantar en Italia porque todos saben, menos los cantantes (ríe)… una locura. He cantado varias veces en la apertura de la Scala, y el 7 de diciembre se convierte en una fecha fantástica y emocionante. Sin embargo, el temor nunca se va. Ha dicho que lleva a Italia en su voz… Es cierto. Cuando viajo por el mundo me siento representante de su música, de su cultura. A veces me dicen “no te esfuerces tanto”, pero no puedo. Aunque suene utópico, quiero alcanzar la perfección. La función de hoy tiene que ser mejor que la de ayer. Por ejemplo, aunque me sé de memoria Tancredi, siempre la estudio. Los años pasan, y el cuerpo y la voz cambian. La técnica se modifica y, claro, a veces los directores les hacen variaciones a las obras. Usted ha dicho que las óperas cambian de acuerdo con la realidad… Es cierto. Por ejemplo, una obra montada hace 20 años, a pesar de haber sido escrita en el siglo XIX y de ser la misma, es distinta a la versión actual porque las circunstancias han cambiado, porque la lectura que hacen el director y el público va a estar influenciada por lo que sucede a su alrededor, por lo que pasa en su época. Esto es importante porque, así, la obra se mantiene viva y nos demuestra que el arte siempre está vinculado con la realidad. ¿Cuál es la función de un cantante? Llevar lo que está en la partitura directamente al corazón del público.