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“Mi sueño sería hacer una película de La casa de cartón”

2008/11/26

Esta noche, en el Centro Cultural Inca Garcilaso, de la Cancillería (Jr. Ucayali 391, Lima), se inaugura la exposición La casa de cartón, serie de pinturas en pequeño formato inspiradas en el libro de Martín Adán. Conversamos con Enrique Polanco acerca de Adán, Humareda y otros temas.

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"Recuerdo, más o menos a los 12 años, que junté mi plata y me compré un libro de Goya. Después de salir del colegio, mi padre me consiguió un trabajo de dibujante de geología. En esa época, los dibujantes se hacían en la práctica. Y estuve en eso como dos años hasta que, un día, en el periódico, leí un aviso de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Postulé para ver qué pasaba. E ingresé", cuenta. ¿Dejó de trabajar? Entré como alumno libre. Iba en las tardes, después de trabajar. Pero, luego de preguntarme si eso era lo que quería en la vida, dejé el trabajo y me hice alumno regular. Usted tiene un estilo muy propio. ¿Cuándo comenzó a definirse? Siempre he sido un pintor, digamos, expresionista, desde que comencé. Sufría mucho en hacer la academia. La hice un año y, después, nunca más. Eso me costó muchos enfrentamientos. Pero lo superaba y presentaba mi trabajo. Con un grupo de estudiantes de esa época salíamos mucho a la calle, y eso nos costaba más enfrentamientos. En su obra, la ciudad está presente. Salíamos y pintábamos en Barrios Altos, en el Rímac. Es cierto que Lima no estaba tan brava. No había pasteleros, por ejemplo. Antes, yo recuerdo que nos podíamos meter trancas con gente de ahí, en cantinas de mala muerte, porque respetaban a los de Bellas Artes. Después ya no era posible. ¿Conoció a Humareda? Claro, en la escuela, en el 77, creo. Yo lo veía dos veces a la semana, en su hotel. Era todo un ritual. Iba al hotel y, con 15 alumnos, nos íbamos a ver la pinacoteca Merino, en la Municipalidad de Lima. Íbamos todos, con Humareda adelante, con su gabán. Luego, a La Victoria, a su hotel, en La Parada. Y comenzaba a sacar sus cuadros y hablábamos. ¿De qué? Del pasado. Mis amigos son los muertos, decía: Velásquez, Goya. “El arte de ahora es una mierda”. Nos hicimos amigos, aunque yo era un muchacho. Recuerdo haber acabado con él en La Parada, a las cinco de la tarde, en medio como de 500 triciclos de ropavejeros. Una vez fuimos a un burdel, un edificio inmenso, sórdido, con un olor… a todo. Ahí comencé a dibujar una serie de San Cosme. Me iba hasta arriba, en las noches. Humareda también pintó San Cosme. Hay en mi obra un homenaje a él, expresionista al fin y al cabo. ¿Paraba ebrio? No. Había dos Humaredas: uno, el que mostraba, bufonesco, y otro que hablaba de lo difícil que era pintar. Él vivió 30 años en un cuarto de dos y medio por uno y medio, donde pintaba y dormía. Era un santo de la pintura. ¿Qué lo llevó a usted, un pintor urbano, a China, donde pasó cuatro años? A China salí corriendo de Lima, de Barranco, de la malograncia. Me fui lo más lejos posible (ríe). No. Postulé a una beca y salió. Un buen día aparecí en Pekín. Estudié pintura. Pero lo que hice –pinto donde estoy– fue pintar China, de la cual nadie sabía nada en esos años. Fue toda una experiencia. ¿Cuánto tiempo le tomó ubicarse en la escena de arte local? Mi primera exposición fue en el 83. Vendí como tres cuadros. En la segunda no vendí nada. No trabajo con galerías pero, gracias a Dios, tengo un público que me busca. Es una suerte haber podido vivir de la pintura hasta ahora. Pero yo no soy de esos que hacen decenas de miles de dólares en una sola muestra. ¿Cómo nace la exposición La casa de cartón, que inaugura ahora? Estaba prevista una edición de lujo de La casa de cartón con ilustraciones mías. Luego se suspendió el proyecto, pero yo ya estaba embarcado y lo acabé. He hecho diez obras, en formato A3. Son pequeñas. Los originales de lo que era este proyecto. Además, se cumplen cien años de su nacimiento. Hay mucho de Barranco. El libro está ambientado en Barranco, donde Martín Adán vivía y que es mi barrio. Mientras he trabajado esto, yo caminaba por Barranco y lo veía con otros ojos, buscando calles o dónde estaría su famoso bulevar Proust. He trabajado con fotos de época para ubicar los lugares como eran entonces y, también, para algunos personajes, que son de época. Mi sueño sería hacer una película sobre La casa de cartón. Sería una sucesión de escenas, en Barranco, con todos los personajes de los que habla: desde Santa Rosa hasta Napoleón. Y dos adolescentes caminando en medio de todo: Martín Adán y su amigo Ramón. “Todo, menos morir”.