Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
“Tiene 15 años, usa pantalón negro apretado, polo rojo, maquilla sus ojos, el pelo le tapa media cara y dice que ama a sus amigas y amigos, puede besarlos en la boca y no es gay. Se ha hecho cortes en el pecho. La semana pasada, un Emo murió por envenenamiento. Mi hijo fue siempre tímido y desconfiado. He revisado su cuarto, tiene poemas llenos de angustia, tristeza y desesperación. Tengo miedo”. Gloria, 40 años. Los rockeros fueron calificados como 'rebeldes sin causa’ y los punk como 'anárquicos sin causa’. Ahora los Emos son los emocionales y deprimidos –muestran sin problema alguno su ternura, sufrimiento, rabia–. Sienten gozo de ser víctimas o de causarse sufrimiento haciéndose cortes en el cuerpo. ¿Por qué se hacen Emos? Quizá como mecanismo para elaborar grupalmente sus angustias y conflictos. Pero, si existieran graves traumas de etapas anteriores –por maltratos–, la pertenencia a estos movimientos podría exacerbar su sufrimiento hasta el suicidio. Esto porque la adolescencia además de ser muy intensa revive conflictos infantiles. “¿Cómo no vamos a ser deprimidos si muchos fuimos hijos no deseados, a otros los han masacrado o tirado como perros? Lo que no saben los padres es que ellos son los no deseados por nosotros. Pero no se preocupen que nuestra depresión está programada”. Josué, 16 años. Al margen de que sea Emo o no, para todo adolescente el sentimiento de muerte ronda: la muerte del niño que fue, la de los padres que ya no son más los ídolos –si alguna vez lo fueron–; la culpa por el deseo de 'matar’ a los padres; el miedo a que los padres les 'maten’ su incipiente identidad, entre otros. Así es que si su hijo es Emo o está haciendo adolescencia difícil, no se asuste. Acompáñelo. Aproveche para crecer con él, reparando daños hechos, y recuerde que “el niño no podrá crecer sino pasando sobre el cadáver del adulto (Winnicott)”. Santa paciencia.