Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Eistuve en Piura con la gente del Mercado Modelo que hace unas semanas fue protagonista de una serie de protestas y revueltas que terminaron con un balance de cinco muertos y casi una paralización total de la ciudad. Preguntándoles, encuentro varios argumentos que me parecen razonables. Primero, la municipalidad pretende reubicarlos sin negociar con ellos. Ellos tienen más de treinta años de posesión de sus puestos y de haber pagado puntualmente un impuesto municipal que hoy está en los S/.1.20 diarios. Han realizado mejoras en sus locales y se han endeudado con bancos para poder hacerlo. El municipio señala que ellos están en la zona de exclusión de un cable de alta tensión, cerca del cual no pueden haber edificaciones. Sin embargo, este cable fue puesto muchos años después de que ellos se instalaran. Por último, la zona donde se les pretende reubicar es lejana y ha sido un basural. Eso me consta porque fui al sitio y lo encontré lleno de desperdicios a muy pocos centímetros de un relleno sanitario de dudosa calidad. Lo sucedido en Piura refleja el desdén con el que muchas municipalidades tratan a los comerciantes. Creen que pueden ganar votos rápidamente reubicándolos de manera violenta, inclusive haciendo comparaciones con lo que hizo Alberto Andrade en Lima. Nada más equivocado. Andrade dialogó y logró reubicar a muchísimos emprendedores y solo desalojó a aquellos que no cedieron ante ninguna de las propuestas. Los municipios son buenos para cobrar impuestos todos los días, pero parece que no son muy capaces de hacer propuestas interesantes y consensuadas que permitan a las ciudades y sus comerciantes vivir y crecer en paz.