Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Recomiendo el artículo de Augusto Álvarez Rodrich en La República de ayer. Acepto la crítica a la comisión de la que formé parte, y considero apropiados los puntos que plantea como agenda para la elección del nuevo contralor. Podrían dialogar bien con el perfil, más o menos similar, que elaboramos en la comisión. Lástima que nada de ese costoso aprendizaje será considerado, puesto que no se nombrará una nueva comisión que avance sobre el camino hecho y lo mejore. Debido a la persistencia de la oposición, el próximo contralor será propuesto por el presidente a sugerencia de los partidos de la oposición. Solución equivocada a la luz de nuestra historia. Si bien la dimensión política es muy importante, la experiencia nos muestra los tremendos problemas que se generan cuando un funcionario de alto rango es nombrado por un político. De esta manera, el funcionario se hace de un padrino que, eventualmente, le cobrará el favor. En la pequeña política local esto es muy común, especialmente donde el mercado laboral es muy reducido, pues, para trabajar, uno tiene que entrar al Estado (no hay sector privado o es muy precario y reducido), y para entrar al Estado, uno tiene que tener un padrino que lo contrate. Los padrinazgos políticos se van armando desde las campañas, y es por todos conocidos que quien gana una alcaldía, por ejemplo, gana también el derecho a poner a “su gente”. Como es de esperarse, en este formato no cabe la transparencia. ¿Para qué informar sobre la fecha de los concursos públicos para la contratación de personal si, en realidad, el director de una UGEL, por poner un ejemplo, ya tiene las vacantes comprometidas? Igual situación se da con las adquisiciones y compras de las instituciones públicas: muchas llegan con bases adulteradas o amañadas (escuchemos los 'petroaudios’) para que gane tal o cual 'ahijado’. La regla es que cuanto menos favores haya de por medio, mayor garantía de autonomía habrá para el funcionario. Por lo tanto, so riesgo de ser una majadera, insisto con que se perfeccione la fórmula de la comisión: unos buenos términos de referencia, una nueva comisión de independientes, una convocatoria pública y por invitación, el periodo de tiempo apropiado y, finalmente, nuevas propuestas de profesionales A-1 dispuestos a liderar la institución. Ningún partido político debiera intervenir en la selección y, más bien, el Congreso, como institución, tendría que examinar al candidato, como lo hizo, y ratificar o denegar la propuesta del presidente. No hay tanto apuro. La vicecontralora está al mando por ahora, y la Contraloría continúa haciendo su trabajo.