Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Tras distraer a la prensa y llevarla hasta Lurín, ex mandatario emprendió vuelo a Brunei. Ya instalado en Japón, renunció ante la sorpresa e indignación de sus propios partidarios. A las 11 de la mañana del 13 de noviembre del año 2000, la Secretaría de Prensa de Palacio de Gobierno convocó, de manera sorpresiva, a los periodistas hasta la playa Arica porque se iba a allanar "una vivienda donde estaba el asesor". Entonces, los vehículos de los medios de comunicación, estacionados frente a la Estación de Desamparados, siguieron a una camioneta oficial que partió a toda velocidad. Por esos días, el ahora ex presidente Alberto Fujimori encabezaba desesperados "operativos de búsqueda" para encontrar los videos que Vladimiro Montesinos tenía en su poder y que lo podían incriminar. Se pensaba que iba a ser una nueva "operación" como aquella en Chaclacayo y Lima, en la que Fujimori, con rostro desencajado, subía y bajaba de las camionetas, ingresaba a casas y oficinas, tratando de ubicar a su ex asesor. Sin embargo, no pasó nada. Todo había sido una burda maniobra de distracción. Cuando la prensa llegó a la casa de Montesinos, en playa Arica, Lurín, a varios kilómetros de distancia, en el Grupo Aéreo No. 8, alzaba vuelo el avión que llevaba a Fujimori al sultanato de Brunei sin previo aviso. Era el inicio de su cobarde huida. Paralelamente, en Lima, el otrora sólido bloque fujimorista -desangrado ya tras el desbande de 14 de sus legisladores luego de conocerse el video Kouri-Montesinos- había perdido el control del Congreso. Martha Hildebrandt era censurada de la presidencia del Parlamento. LA FUGA. El pretexto para salir del país fue su asistencia, los días 15 y 16 de noviembre, a la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Brunei. En esos momentos, se especuló mucho sobre el viaje, que, por sus características, ya muchos asemejaban a una fuga. Fujimori llegó a Bandar Seri Begawan, capital de Brunei, el 15 de noviembre, una hora antes de que el sultán Hassanal Bolkiah inaugurara la cumbre, y partió al día siguiente sin esperar la clausura. Su destino final fue Tokio, tras realizar una escala en Kuala Lumpur, capital de Malasia. El actual prófugo de la justicia peruana emprendió aquel viaje no solo cuando sabía que su régimen no daba para más, que su bancada parlamentaria ya no tenía poder y que no podría ocultar la real dimensión de la corrupción, sino también luego de que se conociera que Humberto Escobar, hermano del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, denunció que se le entregó un millón de dólares a Montesinos para financiar la campaña electoral de 1990. DEL BACALAO A LA GRIPE ASIÁTICA. Durante aquellos días, incesantes rumores e informaciones caldeaban el ambiente político y social, provocando aún mayor sensación de caos. Se dijo que Fujimori estaba negociando un préstamo en Tokio para equilibrar la Caja Fiscal y que estaba enfermo y que se quedaría más tiempo en tierras niponas hasta recuperarse de una gripe, según las versiones oficiales (una excusa similar dio en 1990 para no participar en un debate en la campaña electoral. En esa oportunidad, se "intoxicó con bacalao"). Se sumaron versiones de que su madre y una de sus hermanas habían llegado a Miami, con numeroso equipaje. Lo cierto es que llegó a Japón para esconderse. LA RENUNCIA POR FAX . El miércoles 15 de noviembre, el congresista José Barba Caballero agregó un nuevo elemento al torbellino político, para muchos jalado de los cabellos: desde Brunei, Fujimori estaba solicitando asilo en Malasia. Había escapado. Esta versión fue desmentida por el entonces ministro de Justicia, Alberto Bustamante. No obstante, cuatro días después, a las 8 y 45 de la mañana, el ex primer ministro, Federico Salas, hizo el anuncio. "Fujimori me ha comunicado su decisión de renunciar (.) no tiene previsto, de momento, regresar al Perú", dijo. De inmediato, un grupo de ministros llamó a Fujimori para pedirle que volviera, pero solo les mandó una misiva comunicándoles su decisión. Ese mismo día, en una carta distribuida por la embajada peruana en Japón, Fujimori señaló que presentaría formalmente su dimisión en las próximas 48 horas. Si el gobierno pendía de un hilo tras el viaje a Brunei, la vergonzosa y pusilánime renuncia por fax motivó la ira de propios y extraños. Así las cosas, el 20 de noviembre, Fujimori envió su carta de dimisión al Congreso, pero, al día siguiente, el Parlamento prefirió destituirlo por incapacidad moral, poniendo fin a un régimen que en sus últimos años estuvo plagado de corrupción, e iniciándose el período de transición a cargo de Valentín Paniagua.