Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
Hace un año, Alan García anunció la constitución de la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) para combatir la corrupción y el lanzamiento del Pacto Social (nuevas oficinas, más personal). Ambos han pasado discretamente al trastero de las geniales inspiraciones presidenciales. ¿Será distinto el porvenir del Ministerio de Cultura? Cohetes para la ley de Mypes, que da con una mano y quita con la otra. Nada para los asalariados: ni la ley general del trabajo ni el alza del salario mínimo. En un país donde la productividad del trabajo ha crecido significativamente y que disfruta de la bonanza minero-exportadora, los trabajadores no participan de la prosperidad. La perspectiva es un nuevo año de inestabilidad, movilizaciones y enfrentamientos y, finalmente, la inviabilidad política del esquema económico. Pero los empresarios están felices y siguen creyendo que viven en el paraíso. Nada sobre incrementar la participación del país en el ingreso minero, ni sobre la reforma del Estado, ni la reconstrucción del sur, ni sobre qué va a hacer el Ministerio del Ambiente, ni sobre los derechos humanos. Apenas vaguedades sobre el control de la inflación, la explotación del gas y el interés nacional y la educación. Un discurso a la altura de un gobierno profundamente deslegitimado.