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El mensaje de hoy

2008/07/28

Las luces y las sombras al empezar el tercer año.

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'¿Si nos va tan bien, por qué nos sentimos mal?’, es la pregunta que flota en el ambiente y que está obteniendo respuestas variadas e interesantes. Algunas recurren a la interpretación del estilo de ser de nosotros los peruanos; otras, a percepciones diferentes sobre los beneficios del progreso que se registra en el Perú. Es una pregunta relevante especialmente en el día en que el jefe de Estado expondrá su diagnóstico del país y los lineamientos de su gestión futura. Aunque esta es abordada por muchos pensando más en la situación del presidente Alan García, es la misma que se viene planteando desde los tiempos de su antecesor, Alejandro Toledo, quien solía preguntarse: ¿por qué nos aplauden en Wall Street y nos pifian en las plazas peruanas? Es indudable que hay avances importantes en el país. Los apristas y su claque aseguran que esto es consecuencia del último par de años, pero, en realidad, es un proceso que ya tiene tres lustros y que, aunque con mucha lentitud, está beneficiando cada vez a más gente. A pesar del entorno incierto de la economía internacional, la perspectiva de la peruana es positiva, y se refleja en grados de inversión recibidos, tratados comerciales firmados y en inversión obtenida. ¿Por qué, entonces, el presidente García es aprobado solo por el 26%, y con tendencia a empeorar? Parte de la explicación radica en que aún nos falta mucho por recorrer –y reformas por hacer– para que el crecimiento sea más inclusivo, es decir, para que alcance a los más pobres. Lo anterior es parte importante de la explicación, pero no la única. La otra radica en la incomodidad creciente por un gobierno que pacta debajo de la mesa y poniendo los principios de lado, que no tiene un compromiso contra la corrupción, que promueve el transfuguismo, que se ahoga en su soberbia, que crea cortinas de humo, que azuza el antagonismo, que no construye institucionalidad democrática. No todo es color de rosa. Hay razones para el optimismo, pero otras apuntalan el pesimismo. Y ello explica la contradicción aparente de quienes solo ven el lado del crecimiento económico en la balanza.