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“En Mendoza no hay ninguna uva que salga mal”

2010/01/18

Andrés Ridious trabaja para Ernesto Catena Vineyards, la bodega argentina que produce maravillas como el vino Alma Negra. Estuvo en Lima para anunciar el lanzamiento de los espumantes Alma Negra, que son otra maravilla. Aprovechamos su visita para beber… y hablar de vinos.

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"Trabajo para Ernesto Catena. Su familia es la pionera en la viticultura argentina, la que apostó por los vinos de alta gama. Nicolás Catena, el padre de Ernesto, es el más importante productor de vinos de ese país". Andrés Ridious, un escultor devenido en experto en vinos, nos habla de la familia Catena, una pléyade experta en hacer vinos de alta calidad. ¿Qué sabía usted de vinos antes de conocer a Ernesto Catena? Más allá de beber de vez en cuando una botella, nada. En realidad, nunca le había prestado atención al vino. Eso fue hace cinco años. ¿Y qué ha aprendido en este tiempo? Me he convertido en un tomador profesional (ríe), porque, lo primero que me dijo Ernesto fue: “Para aprender de vinos, hay que tomarlos”. Si no conocía de vinos, ¿por qué lo contrataron? Ernesto Catena tiene una manera particular de ver las cosas. Él no quiere llegar a la meta de manera tradicional, no le gustan los caminos rectos. Nosotros no hacemos un vino, lo etiquetamos y vendemos; nosotros desarrollamos un concepto. Cada uno de nuestros vinos tiene una historia, una razón de ser. Por ejemplo, nuestra primera línea fue el Tikal. Y se bautizó así porque el hijo de Ernesto se llama Tikal. Era su primer vino, entonces, debería llamarse como su primer hijo. Además, lo hizo en honor a su tierra, por eso todos son Malbec. Empezaron hace poco más de 10 años... Sí, el primer Tikal es de 1999. Todos nuestros vinos se basan en una selección de uvas de diferentes viñedos, que están diseñados de tal manera que formen una figura –a veces un laberinto– y puedan ser vistos desde el cielo. Las fotos satelitales de nuestras viñas son increíbles. Su vino más famoso es el Alma Negra. Este proyecto nació en el año 2003 y quiso desmitificar el vino. Su fórmula no se conoce y varía año a año. Si alguien le dice que la conoce, desconfíe. Aquí lo importante es la calidad y la experiencia, y no de qué uvas está hecho el vino. La gente tiende a conceptualizar los vinos –“a mí me gusta el Malbec”, “a mí me gusta la Bonarda”– y no amplían su espectro. Alma Negra quiere que la gente no piense en las cepas sino en el vino, en el momento, en la experiencia misma. Beber un Alma Negra es tomar la esencia del vino, su néctar, y también es algo peligroso: uno toma una copa y, de pronto, se acabó la botella. También tienen uno que se llama Tahuantinsuyo… Se divide en dos líneas: Siesta y Tahuan. Tienen que ver mucho con el Perú porque recordemos que los incas llegaron hasta Mendoza. Como concepto, es nuestro homenaje al nuevo mundo, a nuestra tierra, a todos los vinos de Sudamérica. ¿Y cómo homenajear a todo este territorio? Pues, a través de la cultura más importante de esta zona: el Incanato. ¿Y por qué Siesta? Nace de una leyenda mendocina que dice que los incas llevaron sus tesoros y los enterraron en los confines de los Andes, donde hacen una 'siesta’ desde entonces. Nosotros, cada año enterramos varias botellas de este vino en nuestro laberíntico viñedo para que hagan un 'siesta’, e invitamos a algunos amigos para que busquen las botellas y desentierren el 'tesoro’, un don que es lo más valioso de la tierra. Porque, para nosotros, cada botella de vino es un tesoro. Es una experiencia lindísima. Por eso, siempre es interesante visitarnos –tenemos en uno de nuestros viñedos el Chateau Alma Negra–, porque siempre estamos creando historias, experiencias, momentos especiales… es decir, momentos que el vino sabe crear. ¿Cuántas travesuras se permiten en la creación de sus vinos? Para hacer una genialidad hay que ser travieso. Nosotros aplicamos la teoría del caos en la elaboración de nuestros vinos. Por eso, nunca hacemos vinos monótonos. Su cepa preferida es el Malbec… Es la cepa insignia de la Argentina, país que tiene el potencial de hacer crecer cualquier cepa. Sin embargo, su Malbec tiene características únicas. Eso sí, en Mendoza no hay ninguna uva que salga mal, no hay ninguna uva que no se pueda plantar, que no funcione. Su potencial es inmenso. Hoy muchos productores hacen unos vinos de una calidad increíble a unos precios que uno no puede creer. Tenemos calidad y cantidad.