Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Tremenda metida de pata la que cometió la congresista Mercedes Cabanillas al exigir la renuncia de Idel Vexler, el viceministro de Gestión Pedagógica, debido a la responsabilidad que ella le atribuye por un texto escolar que, en su opinión, distorsiona la realidad peruana. Para empezar, lo usual en estos casos es reclamarle al ministro y no al viceministro. Si no, ¿por qué el Apra llevó al Congreso a Verónica Zavala y no al viceministro de Transportes por las muertes en las pistas? ¿O el que José Antonio Chang haya sido y sea mecenas de los apristas de peso, a través de su universidad, lo hace intocable? El bochorno es peor al saberse que el 'revisor’ del texto que Cabanillas critica es el hoy aprista Agustín Haya de la Torre. ¿Pedirá también su cabeza o, como ya ocurrió tantas veces, la sanción depende del carné?: Elsa Canchaya/Tula Benites, Pilar Mazetti/Luis Alva Castro. Esto ocurre, además, cuando el vendaval partidario reclama su presencia en el aparato público, y ya no hay vergüenza en poner a Carlos Arana en Foncodes, o en despedir a una trabajadora de Sedapal para darle el puesto a alguien allegado a Palacio de Gobierno. En ese contexto, lo hecho por Cabanillas proyecta la imagen de querer que el puesto de Vexler también pase a un aprista. El anuncio del 'honorable’ Agustín Mantilla –según la ministra Susana Pinilla– de que solo había que esperar un poquito para el abordaje se hace realidad. Cabanillas también parece, en competencia por la simpatía militar con el 'cadete’ Rafael Rey, querer poner en ese viceministerio a alguien con mentalidad de cachaco para darles gusto y, a contracorriente de las tendencias pedagógicas modernas, reinstaurar la instrucción premilitar y el desfile militarizado en los colegios. Es la consecuencia de tener un ministro de Defensa como Antero Florez-Aráoz que no hace respetar al poder civil, y permite que el general Edwin Donayre haga lo que le dé la gana, mientras él piensa en el premierato. Finalmente, Cabanillas también se equivoca porque el texto está bien. Promueve un pensamiento crítico, en un alumno de quinto año, sobre las últimas tres décadas. Salvo que no le guste que los chicos se enteren de que el primer gobierno aprista fue un desastre debido a un “populismo desbocado”. ¿Pero no les vamos a mentir, no? ¿O sí?