Además:

Máximo común divisor

2010/11/16
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Uno de los rasgos más negativos de la política peruana es su fragmentación. La incapacidad de articular grupos diferentes y la pretensión permanente de que habrá uno nuevo que, ahora sí, “salvará al país”. Cualquier análisis político indica que la dispersión en múltiples pequeños movimientos es contraproducente para los países que aspiran a la justicia y el progreso en democracia. Por eso no se pueden desmerecer los esfuerzos de confluencia que se vienen dando estos días en sectores diversos del espectro político. Por supuesto que hay pragmatismo e instinto de sobrevivencia; pero ello en sí no tiene nada de malo. Por ejemplo, parece consolidarse un acercamiento político entre grupos con diferencias reales, como los que encarnan Humberto Lay, César Acuña, PPK, Yehude Simon y, quizás, Andrade. Puede que se concrete o no, puede que el candidato que escojan prenda o no, pero veo en ese esfuerzo un embrión de sensatez política. Como en el caso anterior, tampoco soy afín a sus protagonistas, pero no se puede negar que en el espacio de izquierda más radical hay enormes esfuerzos de confluir entre ellos y convertirse en una alternativa viable. Amargas experiencias pasadas les han servido de lección. En ese contexto me ha sorprendido la decisión de Fuerza Social de negarse a una confluencia de centro izquierda con Perú Posible. Una decisión que puede ser suicida, no tanto por lo que ocurra con Fuerza Social (después de todo un partido chiquito y nuevo), sino que pueden dañar severamente la propia gestión de Villarán en la Municipalidad de Lima. Con enemigos intolerantes y encarnizados, con poquísimos cuadros propios: ¿puede ese partido llevar una campaña presidencial y, a la vez, gestionar Lima? ¿Qué pasa si les va muy mal, pierden la inscripción y no llegan al Congreso? ¿Qué ocurre si sus peores enemigos llegan a Palacio? El entusiasmo de los tabloides de extrema derecha por la decisión que han tomado es muy revelador. Hacer un buen gobierno en Lima es algo tan importante, que me cuesta entender lo que están haciendo. Trazando la línea: En su momento el rol de Ollanta Humala en la matanza de Madre Mía –caso que la propia Coordinadora Nacional de Derechos Humanos asumió como suyo por la contundencia de las evidencias– marcó para muchos una línea insalvable frente al personaje. No se podría dejar de sentir algo similar, si otro candidato hubiese sido director de El Peruano luego del golpe de Fujimori y hubiese justificado juicios militares para exculpar a los principales responsables de La Cantuta.