Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
¿A usted le gustaba este tema? Sí. En el colegio actuaba mucho y componía, pero fui a la universidad para Literatura e, incluso, hice un año de Publicidad. Pero fue como parte de esa carrera que llevé el curso de Dramaturgia, con Alonso Alegría. Fue un curso muy bueno. Uno respiraba el teatro y me conecté con todo lo que había vivido antes. Me cambié a Artes Escénicas. Fue todo un rollo porque mi papá, siendo un hombre de teatro, tiene una agencia publicitaria y la idea era que yo la asumiera, pero luego me comprendió. Uno no puede ir contra lo que se es. ¿Cómo dirige a sus actores? Uno debe tener una idea de lo que quiere, pero también aceptar lo que propone el actor y conciliar ambas ideas para sacar el montaje adelante. Por eso es importante elegir bien a los actores, no porque sean buenos o malos, sino porque con ellos habrá que conciliar. Creo que muchos directores sufren porque no han elegido bien o no confían en sus actores. En Il Duce actúan sus padres. ¿Fue fácil elegirlos? Lo que pasa es que he visto a mis padres actuar. Quizá soy quien más los ha visto y conozco sus características. Evidentemente, es un placer trabajar con gente que uno quiere, y esa es una de mis premisas. Nunca me rodeo de gente que no quiero porque creo que hay que tener cierta bondad y cariño hacia el otro para abordar ciertos trabajos. Si encuentro a un personaje que creo que calza con ellos, son mis primeras opciones. ¿Nadie se queja de preferencias? No. Soy el primero en exigirles a ellos. Con Il Duce aborda el tema de la política. ¿Por qué? Estoy muy intranquilo con lo que pasa con el Perú, sobre todo en lo político. Y lo digo a partir de cosas cotidianas como romper las pistas. Me parece injusto que rompan todo lo que no han roto antes por cuatro presidentes que van a venir. Es un insulto a nuestra gente, porque eso significa que no importamos nosotros sino esos cuatro gatos. Me desespero y pienso, entonces, en por qué nace el fanatismo. Y es porque las vías legales para protestar no funcionan: uno encuentra gente pidiendo coimas o, simplemente, que no atienden. Uno empieza no a justificar, pero sí a entender que nazcan cosas como Sendero Luminoso o el MRTA. Decimos “ellos son fanáticos” y no pensamos qué los vuelve locos: es esta desidia de los políticos. ¿Por qué eligió a Mussolini, 'Il Duce’, para esto? Yo leo muchas biografías de personajes históricos. Me gusta analizar qué hizo que las personas se dispararan hacia el bien o hacia el mal. Este puede parecernos un personaje lejano, pero nos puede dar algunas ideas de por qué nacen las dictaduras y de por qué existen fanáticos que buscan dictadores. Y por qué la gente los apoya. Cuando el 'Chino’ cerró el Congreso, todo el mundo lo aplaudió. Y eso se repite y se repite especialmente en países como los nuestros. Por más que esta obra hable de 'El Duce’ es sobre nosotros. ¿Cree que una obra de teatro puede cambiar las cosas? No lo sé. Pero basta con que dos o tres reciban algo de esta esencia para que sirva. Además, no es una fuerza única. Hay varios planos más. Hay una serie de nuevos directores. ¿Cree que se puede hablar de un relevo generacional? Me parece que hay mayor demanda de teatro y que las nuevas escuelas y el crecimiento de las viejas tiene que ver con eso. Pero hay una capa de teatro que se centra exclusivamente en el espectáculo. El teatro es espectáculo, pero no uno vacío. Debe tener algo más. Creo que el teatro es una responsabilidad. Si uno tiene el dinero para hacer una obra, que esta valga la pena y deje algo más que solo entretenimiento.