Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
El miércoles se anunció el primer caso de gripe porcina en el Perú. O algo así. En una imprecisa conferencia de prensa en su despacho, el ministro de Salud, ”scar Ugarte, dejó a todos confundidos sobre si la paciente argentina Alejandrina Cocci tenía o no gripe porcina. “No está confirmado”, “parece que tiene”, “tiene al 80%” fueron frases que no transmitieron calma y que se han prestado a demasiadas especulaciones sobre si estamos preparados o no para diagnosticar el mortal virus. Lo más confuso, sin embargo, vino al día siguiente: tras haber alarmado a la población, el ministro volvió a salir, esta vez para descartar que la gripe fuera porcina. La noticia es buena, qué duda cabe, pero ha dejado una serie de dudas sobre el correcto manejo de esta crisis de salud que aún está a tiempo de corregirse. En primer lugar, ¿cómo es posible que, en un estado de alerta mundial, los peruanos hayamos permitido que un vuelo proveniente de México aterrizara de emergencia en nuestra capital y nos dejara de regalo una pasajera con todos los síntomas de la gripe porcina? Hoy sabemos que Alejandrina Coche no tiene la mortal gripe, pero cuando alguien en el terminal aéreo Jorge Chávez autorizó el aterrizaje de emergencia de la nave y permitió el ingreso de la enferma a territorio nacional, era sospechosa de portar ese virus. Insólito. A este caso de negligencia de nuestras autoridades hay que sumarle las ya reiteradas quejas de quienes han pasado por nuestro primer aeropuerto en los últimos días. Pasajeros provenientes de Estados Unidos o de México (antes de que se suspendieran los vuelos) manifiestan que las autoridades de salud se limitan a preguntarles únicamente si han tenido síntomas de la gripe en los últimos días y, si la respuesta es negativa, los hacen firmar una declaración jurada que a veces nadie se toma el trabajo de recoger. No sé cuán efectivo sea controlar el ingreso de personas al país. Tal vez, como señala el doctor Élmer Huerta, esto no sirva de nada; sin embargo, si el Gobierno ha decidido adoptar esta medida de prevención, debería hacerla con más cuidado y profesionalismo. De qué nos sirve invertir recursos en personal que revise la salud de los pasajeros en el Jorge Chávez si a la primera sospechosa de traer gripe porcina al país la hemos recibido con los brazos abiertos. Finalmente, hay que mejorar las comunicaciones. En momentos como este, en que la situación no es grave para el Perú, lo que se necesita son mensajes claros y una sola voz que informe sin alarmismos. De lo contrario, hay más posibilidades de que empecemos a enfermar de estrés que de influenza.