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Más retrocesos en el cine de Durant

2009/05/07

El premio (2009) es la última producción del cineasta peruano Alberto 'Chicho’ Durant.

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En 1991, cuando Alberto Durant estrenó la recordada y apreciable Alias la Gringa, era imposible creer que uno de los cineastas con mayor continuidad en el medio iba a navegar en un mar de desaciertos cinematográficos. Desde entonces, Durant ha filmado una serie de películas muy defectuosas que han representado un evidente retroceso en su obra. Así, se sucedieron Coraje, Doble juego y, ahora, de reciente estreno, El premio. El filme desarrolla dos historias paralelas que involucran a un maestro de escuela rural –ganador de un premio de lotería que debe cobrar en Lima– cuyo hijo sobrevive dando tumbos en la feroz capital. Ambos tienen una relación complicada y están marcados interiormente por un hecho trágico. VACÍO. El premio muestra esa dicotomía pueblo/ciudad tan complicada y atractiva a la vez –sobre todo para realidades como la nuestra—, pero apenas la profundiza. Este es, pues, el talón de Aquiles del largometraje: todo queda en lo superficial y, más bien, explota el lado ofensivamente simplista de lo melodramático y humorístico. En pocas palabras, y esto no es broma, El premio parece una cinta deudora de 'Betito’ Aguilar, el creador de Al fondo hay sitio y de otros mejunjes televisivos. La puesta en escena del filme de Durant se asemeja a la inmediatez y a la funcionalidad de esos programas que solo apuntan al rating total. En este caso, se quiere espectadores: allí está la escena erótica que nada tenía que hacer en el conjunto, para todos los gustos. ¿Acaso hay una exploración de la marginalidad dentro de ese microuniverso que es Polvos Azules, como se hizo con la prisión en Alias la Gringa? No. El emporio de lo pirata y contrabandeado es usado como elemento decorativo para subrayar una situación y un momento específicos del chico Álex. Los que patearon sin misericordia a Daniel Ró por su mal debut en el cine de ficción con El acuarelista, que se manifiesten ahora, y que sean igual de inmisericordes con un cineasta como Durant, quien no es ningún novato en el asunto, porque el señor lleva dirigiendo filmes desde 1982. Con películas como El premio, cuyo final abrupto y torpe indicaría una segunda parte próximamente, no se trata de apoyar al cine peruano porque sí.