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Manuel Morón: “Hace años nadie pensaba llevar un pisco a una reunión”

2008/09/30

"Mi padre era un gran consumidor de pisco. Es más, me preguntaba “¿para qué estudias? Dedícate a vender pisco”. Yo no le hice caso, evidentemente. Estudié y me fui a trabajar con Cooperación Popular, en la serranía, con los pequeños productores. Allá me agarró el terremoto del 70, una experiencia horrible. Me sirvió mucho el trato directo con la población de base. Aprendí a entenderlos. Después trabajé en una ONG para gestión de cooperativas y comenzamos a exportar pecanas y pisco”, cuenta Morón.

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¿Cuándo? Del 91 al 97. Pero las cooperativas se tambaleaban porque estaban en proceso de parcelación. Faltó capacitación. Por todas estas experiencias, en el CITEvid tenemos dos lemas: “Innovar para competir” y “Compartir para crecer”. ¿Cuál es la situación del pisco? Yo encontré el pisco con una producción de un millón cien mil litros al año. Ahora superamos los cinco millones. Pero eso no es nada comparado con el aguardiente que hacen nuestros amigos del sur. En los 80, la calidad del pisco cayó. No se trabajaba con la ética que debemos tener. Ahora el pisco es una moda. Hace años, nadie hubiera llevado pisco a una reunión. Ahora llegan cinco con su pisco y ven cuál es el mejor. Pero con la moda llega el peligro de que la gente malintencionada adultere y falsifique. El papel importante ahí es el del consejo regulador, que ya está constituido pero que aún necesita respaldo legal. Eso va a asegurar calidad en el pisco. Desde el exterior, ver que tenemos denominación de origen y un consejo regulador son palabras mayores. También hay productores que fabrican solo para el concurso. Sí. Todo eso va a cambiar si el consejo entra a tallar con la fuerza que debe. Todavía es caro el pisco. Muchos están arriba de 50 soles por medio litro, lo cual los pone por encima de un buen whisky. Algunos productores están sometidos al precio del mercado de la uva, que ahora está en dos soles por kilo. Seis kilos son 12 soles solo en uva. Más gastos, se supera los 20. Y luego hay que entrar a supermercados, donde pagan después de 90 días. ¿Noventa días? Qué sucio juegan. Eso sube mucho los costos. Y, ahora, la competencia es fuerte. Hay más de 360 marcas y más de 480 usos de denominación de origen. O sea, la formalización ya se ha dado. Y todos pelean por el mercado. Sacan etiquetas lindas. Y salir afuera es complicado. ¿Cómo puede difundirse el consumo de pisco? Creo que en los restaurantes debe instituirse la degustación de pisco. El costo de una copita como aperitivo y otra como digestivo puede incorporarse al costo de los platos. En Ica, ese costo deberían asumirlo los productores sí o sí. Y debería imitarse en las regiones con denominación de origen: Arequipa, Lima, Tacna y Moquegua. Otro tema para la difusión son los cocteles. Tenemos que estar al nivel de los mexicanos. Todos saben de tequila. Han hecho una telenovela, Destilando amor, sobre la vida de los productores de tequila, con el consejo regulador, la competencia desleal. Y me parece que aquí alguien ya está pensando en algo así con el pisco. ¿Qué proyectos tiene? Queremos formar un centro para formación de mano de obra calificada. Los agroproductores necesitan a gritos injertadores, expertos en riego y demás, incluso jefes de campo. Y nos han pedido un diplomado para gerentes de campo. Ya es hora de que generemos recursos de mano de obra capacitada. ¿Cuánto pisco toma usted? Hace 50 años tomo pisco. También hago catas. Debo estar tomando una botellita al mes. A cierta edad hay que ser cuidadoso. En mis buenos tiempos, era una botellita semanal mínimo. Y mi madre me curaba la gripe con pisco. Entonces, es verdad que cura la gripe. Es la caspiroleta: leche, canela y pisco, en una cacerolita. Va bien caliente en un tazón de los antiguos. En la noche, a las dos horas, uno suda como un caballo y, al día siguiente, uno está fresco. El pisco es el trago de la amistad. En Ica, uno no verá una casa en la que se tome pisco donde se agarren a patadas. Con otros tragos quizá. Pero el pisco es una dosis de amor.