Además:

Malena, la restauradora de gays

2008/10/08
Compartir

La mujer que ahora parece por encima de sus deseos, incluso más secretos, se presenta como una lesbiana rehabilitada, restaurada, 'sanada’. (Me esfuerzo en creerle). Sonríe con esa sonrisa que parecen tener los realmente felices en el mundo. (Me esfuerzo en parecer tan feliz como los felices). Pienso que su sonrisa puede ser una fachada, una manera de convencerme de que en mis manos está ser tan dichosa como ella, que un día cualquiera despertó iluminada por Dios, quien le susurró al oído una verdad grande: a partir de este instante ya no eres lesbiana, Malena. (Me esfuerzo en creerle). Y, a partir de ese instante, Malena Mattos no solo se quitó el deseo por las mujeres, sino que también se 'desenamoró’ de su tortuosa pareja de casi nueve años. En sus ojos y en su cuerpo no asoma el pasado. O quizás lleva puesta una coraza para no sentir o para sentir lo que algunos llaman 'naturalmente correcto’. Tuvo todas las mujeres que quiso –entre ellas varias vedettes, me remarca–, bebía hasta perder la razón, se drogaba y se describe con la apariencia masculina de ciertas lesbianas que no solo gustan de las mujeres, sino que pretenden parecerse a los hombres (en el look). Una de esas malas copias llamada 'chito’ fue Malena, un casi macho al que solo le faltaba un pene. Dios se le apareció cuando por tercera vez intentó matarse. Sí, Malena quería morir. Odiaba vivir enamorada de una mujer. Odiaba el mundo de las apariencias. Odiaba no tener libertad para ir de la mano con su pareja. Se odiaba a sí misma por no ser lo que todo el mundo habitualmente es. Malena quería ser como todo el mundo y, al fin, ya lo es. (Le creo). Ella sostiene que ser homosexual genera infelicidad porque eres particularmente celoso, amoroso hasta la exageración (crees que siempre se te irá de las manos la persona que ahora amas), eróticamente inquieto (siempre querrás tener una aventura), débil ante el alcohol y las drogas, irresponsable con tu destino. Bueno, Malena no está mintiendo. Malena –pienso y se lo digo– está hablando de una persona común y corriente que, heterosexual u homosexual, pasa por esas desventuras. Pero ella insiste: “Cuando eres homosexual o lesbiana, todo es peor porque la sociedad no te acepta, la sociedad te discrimina, te hace sentir mal”. Mientras escribo esta columna, una pareja de sordomudos había sido impedida de casarse porque tenía dos defectos físicos, según el troglodita jefe del Registro Civil. No solo a los homosexuales se les discrimina, Malena. ¿Sabes a cuántos ciudadanos con caras muy peruanas miran mal en las discotecas exclusivas de Lima? No solo los homosexuales son infelices: las páginas rojas de la prensa están llenas de suicidas infelices que eran heterosexuales. Pero Malena no da tregua y busca en mi cara la infelicidad de oveja descarriada. Lo hace en buena onda. Así que no me molesta. Al contrario, me parece que esta mujer tiene buenas intenciones con todo el mundo. www Everardo Martínez no es gay. Es un psicólogo mexicano que ha llegado a Lima para participar en el Segundo Congreso de Homosexualidad 'Saliendo del Clóset (Es hora de hablar)’, evento que impulsa Malena, una mujer que ya pasa los 40 años, que es relacionista pública, docente y pastora. En la Casa de la Juventud de Chorrillos, Malena me presenta a Everardo y a otros chicos que se consideran ex gays gracias al Centro de Restauración de Homosexuales del Perú (Creho), grupo que ella dirige. Martínez es el invitado de honor. Dirige el grupo Ven Ser o Verdadera Esperanza para tu Ser. “¿La homosexualidad es una enfermedad?”, pregunto para entenderlo mejor. Por suerte, Martínez está del lado de la ciencia y admite que ser gay o lesbiana no es una enfermedad. En su discurso no hay fanatismo. Al menos eso parece. En su país ofrece la 'exitosa’ terapia de desarrollo heterosexual, algo así como el camino para dejar la tentación por las personas de tu mismo sexo y “sanar –o, mejor dicho, resolver– lo que te produce esa atracción”. Martínez cree que en el mundo heterosexual no hay tanto conflicto como en el homosexual. Al parecer, el mundo gay es un nido de desventuras. Parece que aquí todo pasa, aquí todo está mal, aquí todo el mundo llora, todo el mundo desea a quien no lo desea, todo el mundo se quiere matar. www Malena y sus chicos ex gays me invitan a conocer Creho. Y conocer Creho es participar en sus charlas, sentir el poder de la palabra de Dios, despertar iluminada y mantenerme en el lado de la felicidad, con los pies bien firmes en el terreno heterosexual, que es a donde van a parar los hombres y las mujeres que llevan una smile en la carita. Yo no quiero. Y Malena lo respeta, porque su propuesta no es atacar a los homosexuales. Su batalla se sostiene en la libertad del otro para elegir si se quiere ser feliz o infeliz.