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Los malditos críticos

2010/01/18
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La historia de la ópera Carmen es uno de los ejemplos más claros de la desgracia que puede sufrir una obra maestra en cualquier país y época. Cuando se estrenó en Francia en 1875, la reacción crítica fue casi unánime. Los medios la destruyeron bajo diferentes acusaciones, todas guiadas por tendencias de las modas ideológicas y estéticas de la época. La ópera estuvo a punto de cancelarse pero finalmente pudo continuar aunque apenas llegó a las 48 funciones. Al final, con la temporada destruida por la crítica, el teatro empezó a regalar las entradas. El autor, Georges Bizet –quien apenas tenía 37 años– recibió elogios de Saint-Saens, Debussy y Tchaikovsky. Sin embargo, el fracaso contribuyó a su grave depresión, enfermedad y muerte por infarto el 3 de junio, tres meses después del estreno. En octubre de ese mismo año, una puesta de Carmen en Viena la colocó entre las obras más populares del repertorio europeo y mundial, un sitial de donde no ha salido en estos casi ciento cincuenta años. Como Stendhal y otros grandes artistas, Bizet nunca vio el éxito de su obra y, como Stendhal, largamente ignorado en vida, Bizet se lo debe a los críticos. Carmen, en una gran producción del MET de Nueva York, fue transmitida en Larcomar el sábado pasado y se podrá ver otra vez hoy y pasado mañana con las voces de los maravillosos Eliana Garanca y Roberto Alagna, la gitana altanera y su soldado celoso. Mientras gozamos de sus aventuras, cabe recordar a lo que los compositores de su tiempo llamaron “los malditos críticos”.