Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
El tema se ha discutido toda la semana, y el Gobierno hasta ahora no puede articular una explicación coherente que justifique el haber rechazado dos millones de dólares del Gobierno alemán para la construcción de un Museo de la Memoria, que recuerde la violencia vivida en nuestro país durante el periodo del terrorismo. Algunos ministros han planteado sus argumentos personales para tratar de barajar las críticas, pero la verdad que han empobrecido tanto el debate que mejor hubiera sido que optaran por el silencio. El ministro Ántero Flores-Aráoz considera, por ejemplo, que hay otras cosas más importantes en las que se puede invertir ese dinero, como hospitales y escuelas, pues de qué nos sirven los museos si tenemos niños con el estómago vacío. Lo paradójico es que mientras Flores-Aráoz exponía ante la prensa su peculiar escala de prioridades, el presidente García inauguraba una muestra de textiles Paracas recién restaurados que van a ser exhibidos al público durante 10 días en Palacio de Gobierno (no se la pierdan). Siguiendo el razonamiento de Flores-Aráoz, deberíamos haber rematado esas telas paracas en la última subasta de Sotheby’s y, con ese dinero, comprar carpetas para los chicos de los colegios. Quien también considera que hay mejores cosas en las que gastarse la plata del museo es, sorprendentemente, el premier Yehude Simon, nada menos que una víctima de la carcelería injusta durante el periodo de la guerra interna. Según Simon, ese dinero sería más provechoso si se utilizara para resarcir económicamente a las miles de víctimas que dejó la violencia terrorista y que hasta hoy siguen esperando algún tipo de reconocimiento económico. Si en algo podemos estar de acuerdo tanto con Simon como con Flores-Aráoz es en que la salud, la educación y el proceso de reparación de víctimas son tres aspectos fundamentales a los que este gobierno debería asignarles más recursos económicos. Lo que no resiste el menor análisis es ¿por qué ese dinero tiene que salir de una donación que el Gobierno alemán quiere dar para que se construya un museo? Resulta bastante evidente que ambos ministros no están realmente preocupados por sacarle el mejor provecho a la donación de la señora Merkel, sino más bien están buscando cómo desviar esos fondos para que nuestro país no cuente, ni ahora ni nunca, con un Museo de la Memoria. Si los militares y los fujimoristas no quieren recordar el pasado y prefieren esconder la cabeza como los avestruces para no procesar los traumas de una guerra interna, pues, están en su derecho de hacerlo y de no asistir al Museo de la Memoria el día que sea inaugurado. A lo que no tienen derecho estos grupos, y mucho menos el gobierno del presidente García, que claramente se está dejando presionar por ellos, es a imponerles este absurdo deseo de amnesia a todos los peruanos.