Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
El alcalde limeño Luis Castañeda sigue encabezando la intención de voto para la elección presidencial del año 2011, pero algunas sombras aparecidas en su horizonte podrían oscurecer su ruta a Palacio de Gobierno. Primero, los datos. Según la última encuesta nacional de Ipsos-Apoyo, el 20% votaría por Castañeda para presidente si las elecciones fueran mañana. No está mal, pero esto significa una caída de cuatro puntos en relación con la intención de voto que tenía en enero de este año. A su vez, Keiko Fujimori y Ollanta Humala han acortado la distancia al ponerse ambos en 18%. Con un margen de error de 3.1%, la foto está casi empatada, con la atingencia de que Castañeda viene cayendo y los otros subiendo. La buena noticia para el candidato de Solidaridad Nacional es que, en la segunda vuelta, derrotaría con facilidad a Ollanta (55/29) y Keiko (49/33). Asimismo, en el espectro derecha/izquierda, Castañeda está cerca de 'lo que quiere la gente’. En una escala donde 1 es 'extrema izquierda’ y 10 'extrema derecha’, la mayoría se ubica en 5.4 y a Castañeda lo ponen en 6.6. A su vez, la aprobación a su gestión municipal ha caído nueve puntos porcentuales en el último medio año, pero sigue envidiablemente alta: 74%. Hasta allí las buenas noticias. Ya se sabe, además, que en las elecciones peruanas no por mucho madrugar se amanece más temprano, y que los caballos que suelen ganar son los que atropellan. ¿Qué nubarrones podrían desinflar la aspiración presidencial de Luis Castañeda? Una es que no hay obra que haga o proyecto que lance que no acabe en medio de un tremendo chicharrón legal. Desde el fracaso de las revisiones técnicas vehiculares, hasta el escándalo de la obra inconclusa de la Av. Venezuela, para no hablar del atraso en la ejecución de la remodelación de la ciudad. Su apuesta es que, al final, las obras hablen solas, pero se acaba proyectando una debilidad en su capacidad de gestión, y podría dejar, además, algún escandalate abierto que lo perjudique. El otro nubarrón está en su perfil político. Su deseo de llevarse bien con el gobierno para asegurar el respaldo a sus obras lo proyecta como alguien cobijado por Alan García. Y en el 2011, cuando la gente busque una alternativa al Apra, Castañeda no va a parecer muy 'alternativo’ que digamos.