Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
La divulgación de más de 80 nuevos audios ha vuelto a colocar el tema de la corrupción al interior del gobierno en el tapete. Hay quienes sostienen que esas grabaciones no aportan ningún dato nuevo. Aún no he tenido tiempo de revisar todo el material, pero hasta donde he escuchado, efectivamente, estos audios parecen ser más de lo mismo. La pregunta es: ¿y eso es poca cosa? ¿No estamos, acaso, frente a más indicios de que para hacer negocios con el Estado peruano hay que tener amigazos que nos aceleren trámites, nos consigan citas y nos traigan a los ministros hasta nuestra suite del hotel? Se ha hablado hasta el cansancio sobre los 'chuponeadores’ que, efectivamente, deberían ser investigados y severamente sancionados; sin embargo, en el terreno que más debería preocuparnos, es decir, al interior del gobierno, no ha ocurrido mucho: los ministros involucrados en este escándalo fueron absueltos rápidamente por el Congreso y, para colmo, no hemos escuchado ni una sola iniciativa de parte de nuestras autoridades que busque desterrar estas malas prácticas de hacer negocios (el Plan Nacional de la Lucha contra la Corrupción, presentado por el premier Simon, no pasa de ser un conjunto de buenas intenciones). Y recordemos que por lo menos tres periodistas perdieron su trabajo intentando denunciar la red de corrupción que estas comunicaciones dejaban entrever. Algo deberíamos aprender del flamante presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien para asegurar la transparencia de su gestión les cerró las puertas de la Casa Blanca a los lobbistas, poniendo límites a sus abusos. Ningún funcionario podrá interceder a favor de algún grupo económico o de poder y está prohibido recibir regalos de estos. Además, Obama ha señalado que los funcionarios que abandonen sus puestos públicos no podrán ser empleados de un grupo de presión o de gestión de intereses ante el Estado. En nuestro país, en cambio, es difícil establecer una línea clara entre lobbistas, periodistas, funcionarios de gobierno, ministros y viceministros, etc. Todo está mezclado y los business con el Estado se siguen cerrando en suites de hotel, en las mesas de la Tiendecita Blanca o en los salones del Club Nacional. Además, tenemos una ley de lobbies colgada en la pared que es letra absolutamente muerta. Si nos preocupa tanto el 'chuponeo’, exijamos más transparencia pues la única forma de cerrarles el paso a estos espías empresariales es haciendo negocios limpios y tratos absolutamente transparentes con el Estado. Un dato más que deberíamos copiarle al presidente de los Estados Unidos: ¿saben por qué se ha armado una discusión al respecto del uso del blackberry de Barack Obama? De acuerdo con la legislación norteamericana, todas las comunicaciones del presidente son recogidas de forma oficial (léase grabadas) y pueden ser puestas a disposición del público después de unos años. Los presidentes, por tanto, deben abandonar sus cuentas de correo personales porque estas no podrían ser fiscalizadas. ¿A ver cuál de nuestras autoridades se anima a hacer públicas todas sus comunicaciones? Estaremos esperando.