Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Cuando el escándalo por la designación de Carlos Arana en Foncodes cedía relevancia noticiosa frente a otros eventos recientes, la ministra Susana Pinilla le dio una entrevista a Mariella Balbi, en El Comercio, que va a relanzar el embrollo y que, por inaudita, podría costarle el puesto en la interpelación solicitada por el Congreso. Las críticas al nombramiento de Arana caen en dos categorías. La primera se refiere a la calidad de la gestión pública y al interés por la profesionalización de los cargos técnicos del gobierno –como la jefatura de Foncodes– y por evitar que estos se utilicen con fines políticos. Lo que preocupa en Arana es que, por más 'ingeniero’ que sea, también es el experto aprista en organización de mítines y movilización de masas. La segunda apunta a la trayectoria de Arana: 'dificultades’ en Consucode –que se indica que ya fueron superadas–, que haya mentido diciendo que el jefe de esa entidad chantajeaba al presidente de la República, secuestrar a unos periodistas de La ventana indiscreta en la poderosa base aprista de Pueblo Libre, o una sólida relación con Agustín Mantilla. La ministra de la Mujer y Desarrollo Social defiende su nombramiento de Arana, pero va un poco más allá al declarar que “Mantilla es una persona honorable” y “no saber en qué circunstancias recibió dinero de Montesinos”. Es poco creíble que alguien tan vinculada a la política como Pinilla desconozca dichas 'circunstancias’. Debería, en todo caso, darle una leidita al libro 'En la sala de la corrupción’, editado por el Congreso, en el que se transcriben las conversaciones de Vladimiro Montesinos en el SIN, como aquella con Mantilla realizada el 13 de marzo de 2000 (tomo IV, páginas 2203-2211). Ahí, el entonces congresista Mantilla le pide US$100,000 a Montesinos para la campaña aprista, recibe US$30,000 'a cuenta’, y trata de acuerdos del fujimontesinismo con el Apra. Si Pinilla no está al tanto de 'eso’, debería preocuparse, especialmente por provenir de un partido que una vez censuró a un ministro de Agricultura solo porque este no conocía el precio de los pallares en Ica. Pinilla debería empezar a mejorar los argumentos para su interpelación, pues los que expuso ayer, dan pena.