Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Después de vivir acostumbrados a un alto crecimiento económico alimentado por lo externo, lo externo se obscurece. Así, contraponemos a diario las cifras de una economía doméstica que sigue creciendo e invirtiendo, con terribles noticias sobre debacles bursátiles, despidos masivos y expectativas propias de una depresión global. Mientras algunos tontos nos hablan del fin del capitalismo y de la necesidad de mayor intervención económica en casi todo, parece prevalecer el desconcierto. En este ambiente existen tres cosas que debemos evitar. Primero, no debemos dejar de exportar a un ritmo alto y agresivo (lo cual requiere un manejo cambiario mucho más flexible). Segundo, no debemos dejar que el miedo nos guíe. La inestabilidad inflacionaria resulta siempre más creíble que las poses. Tercero, no debemos confiar en el espejo latinoamericano. El buen manejo económico es históricamente raro en la región.