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Llorar sobre leche derramada

2009/03/30
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Nuevamente el programa del Vaso de Leche se encuentra sobre el tapete. En esta ocasión se trata de un informe de la Contraloría que reitera las deficiencias (compras sin transparencia, falta de focalización y de empadronamiento de los beneficiarios) que han sido identificadas por diversas entidades, a lo largo de los años, pero que hasta la fecha ningún gobierno se ha atrevido a intervenir el programa y reformarlo. El Vaso de Leche, que se creó cuando Alfonso Barrantes era alcalde de Lima en los ochentas, no ha tenido impacto en reducir la desnutrición infantil pese al largo plazo que viene operando, y es el más costoso programa alimentario que financia el erario. Incluso, trabajos académicos sin interés partidario, realizados hace algunos años, encontraron que por cada sol que el Estado gastaba en el Vaso de Leche, 70 céntimos se quedaban en el camino (municipalidades, comités de madres, etc.), y solo el 30% de lo asignado llegaba a los niños que deberían ser supuestamente los únicos beneficiados. Ese nivel de ineficiencia o corrupción es escandaloso aún para los elevados estándares en materia de despilfarro que mantiene el aparato estatal peruano. Sin embargo, pese a esos indicadores tan condenatorios de un programa que evidentemente no da resultados, sucesivos gobiernos –incluyendo al actual– se han asustado frente a él, y no han hecho ninguna corrección ante la capacidad para intimidar que tienen los 32,000 comités del Vaso de Leche del país. En realidad, son las personas que conforman esos comités los beneficiados con el programa, conjuntamente con los grupos políticos alrededor de ellos, para los cuales el Vaso de Leche debe ser una de las pocas fuentes que tienen de financiamiento. Es por eso que, a la primera mención de reforma, salen agresivamente a las calles a neutralizar cualquier intento de introducir transparencia, o de mejorarlo. Ojalá en esta ocasión el gobierno sí tome alguna acción. Para empezar, se debería empadronar a todos los beneficiados para tratar de reducir el enorme porcentaje de recursos que se pierde sin llegar al niño. Luego de saber quiénes deberían ser los beneficiarios, el programa debería ser eliminado para ser reemplazado con un esquema tipo Juntos, entregando directamente dinero a la madre para que ella compre lo que su hijo requiere, sin tanto burócrata o interesado en el camino.