Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Durante las últimas semanas, las relaciones con Chile tuvieron momentos de innecesaria tensión generados por las desacertadas declaraciones del general Donayre, las cuales fueron, a su vez, magnificadas para consumo interno en ese país, tanto por voceros oficiales como por personajes de la oposición. Lamentablemente, en el siglo XXI actitudes extremas, disfrazadas de patriotismo, todavía reditúan ganancias políticas en ambos países. Ello explicaría tanto el interés en diversos campos chilenos de haber mantenido vivo un tema eminentemente anec-dótico, como el motivo ulterior que estaría detrás del exabrupto del general, el cual sería abrirse algún espacio electoral. Incluso, él mismo adelantó que muchas agrupaciones políticas lo habrían buscado. Ojalá no estemos frente a otro personaje de las canteras militares haciendo carrera política del chauvinismo y la confrontación. Si bien existen temas pendientes entre ambos países, el mecanismo de resolución en La Haya ya se activó y seguirá su curso hasta llegar a una solución definitiva. Por lo tanto, no tiene mucho sentido el tener que esperar por ese fallo para profundizar una relación que marcha. En realidad, los pueblos van a su propia velocidad, no esperan a sus gobiernos y así tenemos que es cada vez mayor el número de compatriotas que viven en Chile, mientras el comercio bilateral se ha multiplicado por cinco desde el inicio de la década, con una balanza altamente favorable para el Perú. Por otro lado, las inversiones fluyen en ambos sentidos con más de seis mil millones de dólares de inversión chilena en el Perú y un 'boom’ impresionante de la gastronomía peruana en Santiago. Por ello, sería adecuado profundizar la relación e ir retirando piedras que dificultan el camino en el largo plazo. Lo primero sería incluir en la agenda pro buena vecindad la eliminación del canon del cobre para las compras de armamentos, luego de que el alza espectacular en el precio del metal infló desmesuradamente las arcas militares chilenas. En los últimos cinco años Chile ha invertido más de diez mil millones de dólares en armas, lo cual llevó a una carrera armamentista en la región. Aprovechemos ahora que la cotización del metal ha caído a la tercera parte de lo que fue para replantear el tema –el cual tiene apoyo interno en el sur y ha sido discutido anteriormente en el Congreso chileno– para evitar que cuando retorne el ciclo positivo en los precios de las materias primas ocurra otro fuerte aumento en las compras de armamento chileno y nosotros tengamos nuevamente que desviar recursos de las escuelas, postas médicas o caminos rurales para no quedarnos atrás.