Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
"Un diseñador es un creador, un artista. Nunca me interesó seguir las tendencias y copiar. Estudiar en París me llevó a exigirme más y a redescubrir mi país –costa, sierra y selva; urbe y campo-, a abrir mis sentidos, a hallar una nueva forma de mirar", nos dice el diseñador peruano que ha estudiado y trabajado en la casa Yves Saint Laurent, y que estos días ha vuelto a la Ciudad Luz para participar en el Ethical Fashion Show, de París. ¿Por qué nos gusta tanto el gris? Por un tema de simplificación. Además, es una herencia que recibimos del gobierno de Velasco. Recordemos que, por el rollo de la posmodernidad, los 80 fueron negros, y los 90, grises. Nos hemos ido aplanando más por un tema de facilidad. En lugar de sofisticarnos, hemos seguido la guía americana de simplificarnos al máximo: nos ponemos dos piezas sin gracia y listo. Esto puede ser bueno para un diseñador: todo está por hacer. En parte. Hay que ver la tendencia de la moda global. Hasta hace unos años predominaban el gris y el negro. Luego, apareció el color y hubo una explosión electrónica. Hasta en la moda, los cambios deben ser graduales. En Perú tenemos la ventaja de que nuestra cultura está llena de colores y de contrastes. ¿Uno es como se viste? Por lo general, sí. ¿Cómo son los limeños? Una mezcolanza de varios estilos. No podemos definirnos como una unidad. Tendemos a pasar desapercibidos. Tengamos en cuenta que somos hijos de la inseguridad, de la crisis económica, de la violencia. Todo esto influye en nuestra personalidad y en cómo nos vestimos. Y cuando nos liberamos y arriesgamos… compramos la versión más recatada: “Qué lindas estas joyas grandes. ¿Las tienes en versión más pequeña?”. (Risas). Hay miedo, inseguridad y falta de personalidad. ¿Y son huachafos? Eso se dice. En realidad, en un momento nos poníamos de todo y no teníamos estilo. Estamos cambiando. ¿Y cuánto ayudan los diseñadores en la creación de este estilo? A los diseñadores recién se nos está reconociendo. Antes éramos los que hacíamos cosas raras. Sin embargo, muchos hemos llevado nuestras cosas a Europa y allá son 'normales’. Entonces, hay un desfase entre los diseñadores peruanos y el público local. A pesar de esto, los diseñadores seguimos avanzando y cada vez destacan más nuestra personalidad, nuestra creatividad y nuestro estilo. Ya la gente está comenzando a identificarse. Somos un poco lentos (risas). ¿Quiénes marcan las pautas de la moda en el Perú? En todo el mundo es la elite, y es la masa quien la sigue. En el Perú, es al revés. Aquí la elite es clásica y conservadora. El gran consumidor de moda es la masa, el pueblo… que se arriesga y consume. Claro, no paga el precio de la exclusividad, pero sí consume mucha moda. ¿En dónde se aprecian las tendencias de la moda, lo que se viene? En la calle y en cómo se visten jóvenes. En Tokio, París, Londres, Milán y Nueva York, los epicentros de la moda, los que imponen las tendencias son los jóvenes. Ellos son los que arriesgan, los que nutren a los diseñadores, quienes, al final, nos llevamos el crédito (risas). Por eso, yo les reclamo a los jóvenes peruanos que se atrevan, que propongan. ¿Dónde están? Basta de imitar. Usted ha introducido mucha iconografía peruana en sus creaciones. Tenemos una riqueza gráfica, no una riqueza de diseño. Reconozcamos que los antiguos peruanos se vestían solo con una túnica. Yo he investigado y he creado a partir de esta iconografía. En realidad, he vuelto a mirar. Los peruanos somos bajos y rellenitos, ¿podemos vestirnos bien? No hay excusa para vestirse mal. El promedio francés también es pequeño, pero han marcado la tendencia de la moda mundial. Lo que se necesita es actitud y desparpajo al vestir… y, claro, diseñadores creativos como yo (risas). ¿Para quiénes crea? Mi ropa es para los que pueden… ponérsela. Mis amigos dicen que para los que pueden pagársela (risas). Yo me preocupo de que mis creaciones no tengan ni más ni menos. Lo justo. Felizmente, los hombres y mujeres de ahora son más guerreros y más sensuales, tienen más personalidad y carácter.