Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
"A los 18 años me fui de mi casa para vivir sola. Quería vivir sola para que no me molestaran cuando llegara tarde, quería fumar en paz y tomar desayuno leyendo el periódico. Lo que pasa es que vivíamos con mis abuelos y los desayunos eran familiares; entonces, no podía extender el diario en la mesa. Tenía trabajo para esto, empecé a practicar en el canal 7 a los 17 años", cuenta. ¿Cuándo supo que le gustaban las chicas? Supongo que habrá ocurrido en mi adolescencia pero no me di cuenta hasta que entré a practicar al canal 7 y me enamoré de una chica. Y eso no me produjo ningún conflicto. Me enamoré, como pude haberme enamorado de un chico, solo que era una chica. ¿Usted ha tenido novio? Sí. Tuve un novio desde los 12 o 13 años hasta los 17, cuando pasó esto. Él fue mi primer amor, mi primer novio, mi primera pareja sexual. Y de hecho era un gran amante. Enamorarme de una chica no tuvo que ver con él. Fue solo enamorarme de una persona diferente a la anterior. El único rollo que tenía era cómo decírselo a mi novio. ¿Usted era activista lesbiana? No. Antes escribí mucho en los diarios en los que trabajé acerca de minorías sexuales. No porque militara sino porque el tema me atraía. Para mí, por ejemplo, descubrir el Perseo fue lo máximo. ¿Qué es el Perseo? Es una discoteca de ambiente que fue emblemática en los 90. Ahora se llama La Cueva. Ahí había 'drag queens’ y todo eso. Y me encantó ver tantas mujeres juntas. No podía creer que fuéramos tantas. Y escribí sobre eso. Además, es un tema que siempre genera interés en el lector. También, si mataban un gay o algo así, escribía al respecto. ¿Nunca ocultó que es lesbiana? Nunca. Cuando entré a trabajar al diario El Mundo, no lo decía pero tampoco lo proclamaba. Soy una persona que, en general, no habla mucho. Pero alguien me preguntó y dije sí, soy lesbiana, y se corrió la voz. Yo nunca he tenido ningún trauma ni me he 'palteado’ con eso. ¿La han discriminado por este rollo? Nunca hasta que llegué a enseñar a la Universidad San Martín. Yo dicté un curso de periodismo. Tenía un año y medio haciéndolo. Un día, me llamaron para decirme que habían recibido quejas de los padres por mi blog, Sex o no sex (el lado les), que ha dado origen a este libro. Dijeron que era pornográfico, que incitaba al homosexualismo, que, además, tenía una columna de sexo en Perú.21 y que escribía mucho sobre eso y un rollo medio confuso… Y me pidieron la renuncia o que pasara a trabajos administrativos. No acepté. Terminé el ciclo, terminó mi contrato y me fui. Hasta antes de eso, yo siempre decía que no creía que la discriminación fuera tan fuerte en el Perú o que la gente no era tan torpe para eso. En Sex o no sex (el lado les) –a diferencia de blogs cuyos autores inventan lo que cuentan–, usted cuenta lo que en verdad le pasa. No es fácil exponerse así. ¿Por qué lo hizo? Al hablar siento barreras, pero al escribir, al contrario: no tengo pudor, puedo ser salvaje, dura, cariñosa. El blog nació como una manera un poco extraña de comunicarme con una chica que tenía en mente, que andaba muy metida en Internet. Hice este blog para llegar a ella un poco solapa (ella estaba con pareja). Y ella era la única lectora. Después de eso, seguí escribiendo cosas que me habían pasado. Pero eran pocas personas las que entraban hasta que ocurrió lo de la San Martín y mi blog comenzó a recibir cientos de visitas de lectores que querían saber sobre lo que pasa una lesbiana en Lima. Y me divirtió seguir escribiéndolo. En general, en Lima, en Internet, hay mucha agresividad. Suelo contestar casi todos los comentarios, incluso los agresivos. Salvo los demasiado ofensivos. Pero he aprendido a tolerar. En general, hay muchos homofóbicos. Pero también hay mucha gente que sin ser homosexual pregunta con respeto. Mi libro, No busco novio, recoge los post del blog. ¿Ha cambiado la sensibilidad de la gente hacia este tema? Creo que hay una apertura mayor con el tema de la homosexualidad. En Lima, creo que es más fácil, es mejor, ser homosexual y estar afuera del clóset que adentro. Vale la pena arriesgarse. A mí me da paz y tranquilidad. Pero respeto a los que están adentro del clóset.