Además:

Lima la horrible

2010/01/19
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Como hijos afligidos de nuestra hostil capital, vemos con satisfacción que se avanza en temas pendientes como el Metropolitano que, conjuntamente con el Tren Eléctrico, debería conformar un sistema de transporte masivo que aliviaría la congestión vehicular. Sin embargo, escuchando las declaraciones del presidente ayer, nos da la impresión de que estamos camino a esa tradición limeña de caer en la complacencia y la exageración a la menor señal de haber avanzado. La triste realidad es que nuestra ciudad sigue haciéndole honor a Salazar Bondy y no se convertirá en 'Lima la Bonita’ solo porque desarrollemos nuestra autoestima como cree Alan García. No es cuestión de ser negativos, pero es innegable que Lima arrastra una serie de problemas y necesidades, muchas de las cuales ni siquiera están en la agenda de la actual administración municipal. Así que, ahora que el alcalde ha decidido que quiere cambiar de local y despachar desde el Palacio Presidencial, vale la pena resaltar lo que su sucesor tendrá que solucionar. Así tenemos que el 94% de limeños siente inseguridad, y el miedo destruye la calidad de vida en cualquier ciudad. Para poder revertir el creciente temor de la población, es necesario desarrollar una política de policía vecinal, la cual, a su vez, requiere que el sector Interior y el gobierno local trabajen de la mano. Por otro lado, el caos en el tránsito y la contaminación ambiental son consecuencia de la falta de semáforos en la mayor parte de la capital, así como de un obsoleto parque vehicular que, en buena parte, ya no debería circular. Pero las revisiones técnicas, que deberían prohibir las carcochas, todavía no se implementan completamente luego de varios años debido al deficiente proceso inicial de concesión que el municipio ha realizado. Mientras que la urgente semaforización, que tanto se necesita, no ha sido objeto de ninguna iniciativa. Asimismo, nuestra privilegiada bahía, la Costa Verde, que podría cambiarle totalmente la cara a Lima, sigue abandonada al igual que la basura, ya que cualquier política de reciclaje brilla por su ausencia, mientras que rellenos sanitarios abundan. En general, existen innumerables necesidades que se deben solucionar para lograr que Lima se convierta en una agradable ciudad y, para ello, hay que trabajar. Simplemente, el adornar al delfín de turno no lo va a lograr.