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Libros mendigos

2009/02/23
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A través de una serie de anuncios, el gobierno viene solicitando que se donen libros a las personas de menores recursos. Se ha habilitado ya la puerta doce del Estadio Nacional, para recibir las donaciones de libros que les sobran o son inservibles a quienes puedan hacerlo. Por otro lado, una carta del Ministerio de Educación circuló esta semana pidiendo a algunas editoriales que donen libros de “fácil lectura” para ayudar en la campaña de alfabetización, lo que sería “un gesto solidario”. Al respecto, un amigo extranjero que trabaja en una empresa transnacional estaba impresionado. “Es increíble que con el momento económico que se vive, las campañas de alfabetización pidan limosnas”, me dijo. “No entiendo cómo los peruanos no se han dado cuenta de que una sociedad no tiene futuro si no se planifica una campaña de alfabetización. Los libros de esa campaña tienen que elegirse en base a un plan, no improvisarse de acuerdo a donaciones”. Otro amigo lo resume de la siguiente manera: “Si van a hacer una campaña de alfabetización en base a libros donados, ¿por qué no construyen hospitales en base a ladrillos donados o carreteras en base a asfalto donado?”. La iniciativa puede ser bien intencionada pero también es absurda. Ninguna campaña puede hacer depender sus materiales de desechos caritativos. El Estado mendigo no es un Estado planificador. Los ejemplos en países como México, Colombia y Chile son modelos de una campaña de distribución de libros. En Chile, el año pasado, el gobierno compró e hizo entrega de maletines literarios de libros que han beneficiado a 267 mil familias (quien quiera más información puede verlo en www.maletinliterario.cl). El año antepasado, en el Congreso de la Lengua en Cartagena, me impresionó la presentación de la ministra de Cultura que mostraba la extensión de la red de bibliotecas. El Gobierno de México compra cientos de miles de libros para sus bibliotecas. Aquí, en un momento crucial de nuestra economía, y mientras los editores piratas hacen lo que quieren en las calles, la enorme mayoría de peruanos no tiene libros que leer. Quizá me equivoque pero no sé de ningún proyecto orgánico por comprar libros y abastecer bibliotecas en todo el país. La alfabetización y la difusión de la lectura no depende de un “gesto solidario”. Es una obligación urgente. Mientras otros países toman acciones, nosotros pedimos limosna. Esperemos cambiar.