Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
¿Cuáles deben ser las características del nuevo primer ministro? Un independiente con gran convocatoria, capacidad de diálogo y voluntad de recuperar autoridad. Sin embargo, a estas alturas, vale el conocido aserto que repetía el gran Den Xiao Ping: “No importa el color del gato con tal de que cace ratones”. El sistema de gobernabilidad se estremece y se requieren audacias. El principal roedor que debe eliminarse es la parálisis del Estado adiposo. Hoy, hablar de reforma es una presunción. Se trata, simple y llanamente, de falta de movimiento; el Estado apenas pestañea y acciona uno que otro dedo. Durante el segundo gobierno de García, el mercado ha funcionado. Perderemos puntos con la recesión planetaria, pero seguiremos tentando el crecimiento. El mercado y el sector privado cumplen, pero el Estado fracasa en todas, absolutamente todas las líneas. La ineficiencia estatal es la única explicación del 'Baguazo’ y de la turbulencia social que hiere a la gobernabilidad. Antes de la recesión mundial, la caja estaba llena, pero se hizo poca obra en la provincia y los ministerios, las regiones y los municipios apenas gastaban la mitad de sus presupuestos. Ahora que los ingresos disminuyen, la situación se complica, pero se puede dar pelea. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? El segundo alanismo se corrió al extremo derecho y no se mueve de allí: el Estado casi no existe. La idea fuerza de la descentralización se desarrolló sin reformar el Ejecutivo y las regiones y municipios reprodujeron los mismos vicios y bacterias del centralismo limeño. El resultado: los diferentes niveles de gobierno le dan la espalda a la gente y la protesta social se dilata. Sin embargo, la ira popular solo se concentra en el Gobierno Central. No importa que el yerro tenga naturaleza regional o municipal, la rabia se dirige a Palacio. La clave de la eficiencia económica y social en los 90 fue una alianza entre pobres y ricos con el Estado. Los empresarios hacían negocios y el gobierno cobraba impuestos y se iba a la puna a hacer obra. Hoy, los ricos hacen negocios, el Estado recauda tributos, pero hay escasa inversión. Entonces, viene el militante bolivariano y miente: ¡Este modelo solo es para los de arriba! Como los pobres enfrentan obstáculos para crecer con la misma velocidad que los empresarios se tragan el psicosocial chavista. Sin embargo, la responsabilidad de cualquier avance extremista solo es del Estado, de este Leviatán desdentado, incapaz de incorporar a los excluidos a los círculos virtuosos del crecimiento. Ojalá que el nuevo premier sea el gato que le devuelva el movimiento al Estado y se atreva a cazar ratones y ratas. Nunca se pierde la esperanza.