Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Forma parte de la cultura popular la creencia de que tratando con violencia a los niños o jóvenes se les forma el carácter y se logra que aprendan algo. Esta absurda teoría es culpable de, posiblemente, cientos de miles de casos de maltrato, de los cuales muchas víctimas nunca se recuperaron. Ahora tenemos que, ante la falta de una respuesta adecuada sobre qué hacer con la violencia de las pandillas y de las barras bravas, se propone restablecer el servicio militar obligatorio a ver si a punta de golpes se endereza a tanto energúmeno o, por lo menos, se logra sacarlos de circulación un tiempo guardándolos detrás de marciales muros. Para empezar, esta cortoplacista propuesta debilitaría a los institutos armados ya que, imitando a los países que son militarmente exitosos, estos deberían, más bien, contar solo con profesionales capacitados y bien equipados que tengan vocación de servir. Lo último que necesitan las Fuerzas Armadas son reclutas forzados que solo sirven como carne de cañón y que, si logran sobrevivir, pueden retornar a la sociedad trastornados. En realidad, la causa principal de la violencia juvenil es la pésima educación pública que reciben en nuestro país. Somos los que tenemos la peor calificación en la región y una de las más bajas del mundo. Esto se debe a la labor del Sutep que, durante 40 años, consistentemente ha destruido los colegios del Estado. Por ello, si alguien requiere ser juzgado por sus actos, no son los jóvenes, sino la dirigencia política de ese sindicato. Por otro lado, es creciente el nivel de incompetencia de la Policía para proteger al ciudadano. Incluso, por la captura de un solo barrista –'Bolón’–, el ministro del Interior felicitó personalmente a todos los involucrados, algo que antes estaba reservado a quienes capturaban a Abimael Guzmán o a un capo del narcotráfico. Tratar como excepcional ese simple arresto demuestra que la cúpula policial no espera muchos resultados. Por lo tanto, creo que lo que se debe hacer es acelerar la implementación de la carrera pública magisterial e iniciar, con carácter de urgencia, una reforma policial que tenga como objetivo lograr la seguridad vecinal. De esa manera, este gobierno le dejará algo concreto al ciudadano ya que, eventualmente, existirá tranquilidad en nuestras ciudades y la juventud tendrá mayor posibilidad de salir adelante. La propuesta de militarizar la violencia no soluciona el problema.