Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Lázaro era un hombre de 77 años que decía estar muy enfermo, a punto de morir y que no quería pasar sus últimos momentos en la podredumbre de la prisión donde estaba encarcelado. Hace algunos años, el demonio lo había provocado y él no pudo resistirse a la suculenta columna de fajos que se balanceaba seductoramente frente a sus ojos. Así que cayó en la tentación y ahora estaba pagando por sus pecados. Pero Lázaro decía que era un hombre pobre, viejo y acabado. ¿Qué ganaban sus enemigos con mantenerlo preso si en cualquier momento se iba al otro lado? A qué nivel puede llegar el odio para mantenerlo en su lecho de muerte dentro de ese infierno que es el estar preso, decían sus allegados, y alegaban que es un acto de caridad indultarlo para que al menos pase sus últimos días en paz antes de la eternidad. El lamento de Lázaro llegó a oídos de Pilatos quien, informado de su mal estado, el cual habría sido confirmado por un grupo de hombres sabios, decidió perdonarlo. Pero, ¡oh milagro¡, no bien salió de la prisión, la resurrección de Lázaro se produjo de inmediato. Así tenemos que fue sorprendente verlo cómo se transformaba rápidamente y gozaba de la playa en Asia, también almorzaba alegremente con amigos como si fuera un saludable muchacho. Incluso, resultó que no era pobre después de todo y que tenía valiosas propiedades en todo el mundo. En fin, nadie se hubiera imaginado que se trataba de un viejo moribundo que requería ser indultado. Es en ese momento que Pilatos se da cuenta del engaño. ¿No era que se estaba muriendo? ¿No lo indulté como un acto de piedad? Más aun, los milagros no ocurren en verano, pensó Pilatos, aquí hay gato encerrado. Que vengan los sabios que lo revisaron, ordenó. Sin embargo, resulta que no había sabios sino un comité de funcionarios quienes nunca lo vieron pero basaron su decisión en un certificado que alguien convenientemente les había dado. El único que realmente lo vio era testigo de su vigor, por lo que se opuso al perdón pero fue acallado. He sido burlado dijo Pilatos y es un proceso viciado. Que lo revisen nuevamente y que en esta ocasión sí lo hagan los sabios. De esa manera, pensó, otros toman la decisión de encarcelarlo mientras yo me lavo las manos. Pero de pronto escuchó a sus subordinados responderle: No podemos hacerlo, señor, porque parece que ha ocurrido otro milagro y Lázaro se ha esfumado.