Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Lo aceptarás como juguete solo si viene envuelto en papel de regalo. Siendo realista, se me ocurre que lo abrirás, sonreirás y pensarás que ella está muy loca, qué pasa en su cabeza, qué estoy haciendo mal, qué piensa que soy... Es el tipo de juguete que JAMÁS mostrarás a tu mamá, que JAMÁS lo comentarás con los amigos. Lo guardarás como un secreto. Y, aunque nada tendría de malo admitir que tienes uno en el cajón de la mesita de la noche, ya sabes cómo es cierta gente. Dirán que eres gay, pervertido o estúpido. Ni las mujeres nos damos licencia para contar que tenemos un vibrador en casa. Es un secreto. Nadie sabe que lo llevamos en la maleta cuando viajamos (por si acaso, nunca se sabe cuándo todo fallará) o que lo cuidamos muy bien (ejemplo: le sacamos las pilas para alargar su etapa de vida útil). Nada es igual después del Rude Boy o del Nexus, dos potentes juguetes sexuales para hombres que vienen causando sensación en España y en otros países de Europa. Cuando me enteré de la noticia, comencé a buscarlos en los sex shops de Lima. El resultado: nadie da razón sobre el Rude Boy y el Nexus, los más famosos estimuladores del perineo, de la base de los testículos y de la próstata. Los dueños de estos negocios me comentan que el peruano promedio no está preparado para embistes de esa naturaleza. Escuché dos argumentos de peso: 1) el peruano es bien macho y 2) el peruano no necesita de ayudaditas para tener placer. Falso. Falso. Los peruanos pueden ser bien machos, pero el juguetito no atenta contra la virilidad. Se trata de un sencillo y ergonómico divertimento. Dealcoba.com, el más importante sex shop de esta ciudad, no tiene los productos top que menciono, pero tiene otras sorpresas para engreír al siempre blindado punto G masculino. Manuel Ticona, gerente de la cadena de tiendas, asegura que en el mercado nacional ha sido muy buena la aceptación de sus masajeadores y vibradores para el punto G de los hombres. Se refiere a una curiosa varita vibradora roja que masajea la zona en cuestión, a un vibrador de gel y dilatador anal rosado y a una varita anal de acrílico. Los precios: entre los 30 y los 70 dólares. Son las novias y las esposas las más afanosas en llevar esos productos a sus camas. Ellas son las que quieren probar, las que aspiran a inyectarle pasión a la faena, las que buscan convencer a sus hombres. El blindado punto G masculino está en la mira de las chicas. Razón no les falta: diversos estudios dan cuenta de que el orgasmo por esa vía alcanza niveles de extraordinario para arriba. WWW Los expertos en estos artefactos sugieren comenzar el juego con una ducha caliente, solo o en compañía de su pareja. Debes usar un lubricante (zona de difícil acceso), tomar aire y pensar que no te están profanando ni ultrajando. Simplemente estás probando, y estás conociendo tu cuerpo, todo el potencial de tu cuerpo. Para encontrar la glándula de la próstata, hay que saber tocar. A la primera presión suave, el hombre es capaz de detectar que allí es el lugar. El sexo anal es una práctica que parece gustar a pocos. Ello se debe quizás a la mala fama del asunto y al miedo a sentir dolor. El dolor es una realidad que se diluye cuando la pareja juega limpio y no se apura innecesariamente ni cobra venganza por cuernos y más. Una española, experimentada en juguetes sexuales, escribe en su blog que una mujer inteligente jamás llegará al 'depa’ de su chico con una varita vibradora. Así, a la primera, a la mala… No funciona. Lo que corresponde, considerando la sensibilidad extrema de los machos, es el famoso anillo vibrador, el cual encontramos en casi cualquier tienda de juguetes sexuales y hasta botica. El anillo se coloca en el pene. Su diseño permite estimular el clítoris durante la penetración. Lo que sigue es imaginación pura. La española propone felatio con el anillo puesto. “No te arrepentirás”, escribe. Después de la experiencia con el anillo, jugar le será menos traumático. Es solo cuestión de tiempo. Así lo advierte la mismísima Durex, la conocida empresa de condones, que advierte que, poco a poco, los hombres se interesan en las tiendas de juguetes para adultos, hasta donde llegan en busca de ese artículo que jamás imaginaron para ellos.