Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Para los buenos equipos, los partidos no terminan hasta el pitazo final y nunca bajan los brazos. Los cuadros sin ambición se repliegan en su campo para tratar de mantener la ventaja de un solo tanto. No ha sido, por tanto, sorprendente el resultado del Clásico del fútbol peruano. Tampoco es sorprendente la mínima posibilidad de éxito que se le da al flamante gabinete. Es alarmante que el Gobierno esté agotado tan temprano en su mandato, como bien dice Lourdes Flores, pese a que aún le restan dos años. Este cansancio se evidencia en el Gabinete Velázquez Quesquén, el cual denota orfandad en los cuadros partidarios y falta de capacidad de convocatoria. Suena alentador para la estabilidad gubernamental que el presidente confíe que será su último gabinete, pero la desafortunada realidad es que ese deseo es poco probable que se cumpla ya que es el más débil que él ha juramentado. Por ello, a riesgo de ser repetitivo o caer pesado, no puedo sino insistir que a dos años luz del fin del mandato no es el momento para tirar la toalla y en lugar de buscar un independiente de estatura que reconstruya la credibilidad que ha perdido el Gobierno, han cometido una equivocación monumental y optado por rascar la olla partidaria como si este fuera el último año. En esas circunstancias, la falta de ascendencia y experiencia de quien está a cargo del premierato, reflejada en la falta de entusiasmo con la que su nombramiento ha sido recibido, debe de ser compensada con un buen programa de trabajo. Se trata de contar con políticas concretas en lugar de frases gaseosas sobre orden e inclusión, o de introducir populismo presupuestal con fondos para gobiernos locales y regionales. Es vital elaborar un plan de gobierno, incluyendo reformas en muchos campos, que debe ser ambicioso, amplio, detallado. No debemos olvidar que los primeros dos años se le dio el beneficio de la duda al Gobierno esperando reformas que nunca se materializaron. En la actualidad, la mayoría ya no está esperando. Por tanto, si no hay un plan creíble se trataría solo de un gabinete de choque con pocas posibilidades de llegar siquiera a Navidad. En ese caso uno se preguntaría qué motivación podría haber detrás para que el Gobierno ponga en riesgo la estabilidad de los peruanos condenándonos a sufrir frecuentemente de crisis.