Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Escribo formalmente desde el 71. Empecé con fuerza porque mi primer poemario ganó el Premio Javier Heraud de ese año. Participaban los 'tigres’ de la época y yo era un advenedizo, desenfocado del estereotipo del poeta –pelo largo, veladas nocturnas, el Superba–. Yo era más formal”, cuenta. Usted está vinculado también con la canción criolla. ¿Cómo así? El ambiente literario me llevó al mundo de la canción popular. Fue a través de Tania Libertad, que después fue mi esposa, que yo entré al mundo de la canción popular. La vi cantar, y con su dulzura y ternura cautivaba. Recuerdo que ella era muy cuidada. Cuando comenzamos a salir, la acompañaban sus hermanos, grandazos, tipo Bonanza. Juan Gonzalo Rose y Tania Libertad hicieron trabajos juntos. Fue a partir del Festival de la Canción de Chiclayo, que ella ganó con Tu voz, que toma contacto con Juan Gonzalo Rose, un señor mayor que hacía canciones que tenían aceptación. Ese quehacer de Juan Gonzalo era paralelo a su poesía. No era poesía musicalizada. Eran canciones. Por eso, él decía “yo compongo valses y soy poeta”. Tania y Juan Gonzalo trabajan en el disco El mismo puerto, tema del documental que ha presentado. Sí. Lo hicimos en el año 76. Éramos un grupo de amigos donde estaban Víctor Merino, Jorge Madueño, Tania, obviamente, y yo. Primero, en el 74, hicimos el disco Concierto en la voz de Tania Libertad. Merino era la otra mitad de Juan Gonzalo en lo musical. Juan Gonzalo no tocaba nada ni cantaba, pero musicalizaba sus valses golpeando la mesa. Y lo hacía muy bonito. ¿Cómo se plantean El mismo puerto? Conversamos para ver si se hacía un disco con los valses exitosos de Juan Gonzalo Rose –como Tu voz, Por tu ventana dormida, Pescador de luz, Felipe de los pobres, Agua y luz, en fin…– o si hacíamos algo de mayor nivel, con sus poemas musicalizados por Víctor Merino, cantados por Tania Libertad y orquestados por Jorge Madueño. Eso decidimos. A Juan Gonzalo le gustó la idea… pero no tanto. ¿A qué se refiere? Me enteré de eso poco antes de su muerte, en el 83. En sus últimos meses, él frecuentaba mucho un lugar en San Felipe, El Ovni, donde está Metro ahora. Ahí se tomaba su cervecita. Ya había muerto su mamá y él había vuelto a tomar. Me mandó llamar y ahí me lo confesó: “Muy bonito el disco, pero mis valses no los canta la gente ni los pasan por la radio. Y yo quiero que mis valses los cante el pueblo. Y eso no lo han logrado. Quiero entonces que me hagas un disco con mis valses, que los canten las cantantes criollas”. Es una deuda que tengo que saldar. ¿Cómo era Juan Gonzalo? El video muestra una imagen taciturna, pero también tenía chispa y era muy ingenioso, con un sentido del humor muy agudo. Juan Gonzalo tuvo diversos comportamientos. Tanto así que escogíamos las grabaciones de acuerdo a cómo estaba: a veces alegre, a veces deprimido y no salía de su casa. La misma vida contribuyó a su aislamiento. Era frágil, con una dependencia tremenda hacia su mamá. ¿Qué otros trabajos ha hecho usted alrededor de la música criolla? Hice especiales de TV en México con Tania. También trabajé con Eva Ayllón, con quien tuve una relación personal y de trabajo, donde se hizo un disco muy bonito, Landó de la vida y yo. En el 94 reunimos a 30 cantantes criollos e hicimos un álbum de 36 temas de Polo Campos, todos orquestados, coincidiendo con un momento en que se hablaba de la muerte del vals. ¿Usted piensa que está muriendo? La música criolla es resultado de una cultura criolla y mestiza que yo pensaba iba a fundamentar la identidad de nuestro país. Tal como estaba planteada a fines del siglo XIX y a comienzos del XX ya se ha perdido. Por lo tanto, es consecuencia lógica que la música criolla esté reducida a centros musicales y a unos cuantos intérpretes. ¿En qué anda ahora? Mantengo mi quehacer poético como un ejercicio personal. Y estoy en constante evolución. Hace unos años trabajo verso clásico, sonetos, décimas... Con ese trabajo acabo de ganar el Premio Federico García Lorca, convocado por el Centro Español del Perú. Y estoy haciendo otro libro, de verso libre, Reloj de mar, que espero publicar próximamente.