Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
La resistencia desde los Andes. Aquella gesta quedó en la mente de la gente, y por eso la representan desfilando y concursando. En el imaginario es una revancha y un homenaje a las rabonas, las mujeres de los soldados, que los acompañaban. La guerra con Chile, en términos históricos, es reciente. Yo pensaba que las danzas eran de origen muy antiguo. Esto sigue vivo. Con el tiempo, en esa misma danza, se han introducido otras representaciones, como los pirañitas. Usando un triciclo, simulan un patrullero que los persigue. Y también aparece Abimael, tras las rejas, con el puño en alto y su traje a rayas. Incluso están representados los hechos ocurridos en la residencia del embajador japonés. Y, ahora último, la caída de las Torres Gemelas. Entonces, no solo cuentan y danzan los mitos sino que, además, asimilan hechos contemporáneos. En su libro La danza a través del tiempo sostiene que la raíz de las danzas tiene miles de años. ¿Cómo sabe? El sentido de la pachamama –considerar madre a la tierra– es universal. Eso genera una actitud ritual hacia ella que, al ser llevada a la danza, se complementa simbólicamente con el arado que, en las culturas tradicionales, simboliza lo masculino. Así, lo masculino y lo femenino se presentan como complementarios. Las danzas del valle son siempre dialogadas o de competencia, con juegos sensuales, como el huaylas. ¿Y si no hay agricultura? En Puno, por ejemplo, no hay agricultura. Allá, la danza es más de trotamundos, tienen de lanzas, de guerreros o de migrantes, con pocas mujeres, excepto en los carnavales. ¿Qué significan las danzas para los pueblos de hoy en la sierra? El hombre no puede trabajar sin parar. Tiene que hacer un quiebre: el culto al ocio. Y esa es la danza. Pero, a la vez, es un lenguaje ritual y religioso hacia Dios –el orden–, la naturaleza –el equilibrio– y los demás hombres –la reciprocidad–. El pueblo que danza reacomoda sus fuerzas, rompe tensiones, busca solidaridad y enfrenta dificultades. Se dice ahora que, si el pueblo peruano no hubiera tenido esta riqueza cultural, festiva, ritual y religiosa, no habría soportado un fenómeno como Sendero Luminoso, con sus cerca de 70 mil muertos y el desarraigo que generaron los desplazamientos por la violencia. ¿Por qué estudia las danzas? En la época del quinto centenario del descubrimiento de América, yo tenía un programa en radio Red. Se llamaba Encuentros y desencuentros. Y, ahí, los historiadores discutían sobre la conquista. Y todos hacían mención a la danza. Entonces, pensé en estudiar el tema. ¿Qué pasa con fiestas contemporáneas, como el Inti Raymi, en Cusco, que podrían parecer artificiales? El Inti Raymi es un fenómeno que se creó en los años 40. Puede ser creación de un solo grupo de gente, pero qué pasa si el pueblo internaliza este tema hasta el punto de sentirse coautor y comienza a asimilar lo que ya había estado dejando. En Ayacucho está el Vilcas Raymi; en Huánuco, la Aparición del Gran Sol. Y hay comunidades que, para traer turismo, decidieron hacer algo parecido. Se reunieron, les preguntaron a sus viejos monografistas y a los profesores, y planificaron una representación simbólica de uno de sus mitos. Al final, la gente reaccionó a estas actividades haciéndolas suyas. Es lo que llamamos neofolclor. Impresionante... Es un fenómeno en plena posmodernidad, cuando se cree que todo es aldea virtual y ciberespacio. Nuestras comunidades quieren TV y satélite, pero se están recreando con otros motivos. ¿Cuántos viajes ha realizado para hacer esta investigación? Es un trabajo de 15 años. He viajado mucho, en América y en Europa. En el Perú he caminado bastante; tengo la ventaja de ser andino. Trabajé para National Geographic en el 95. Después de la captura de Abimael, recorrí todas las comunidades de Ayacucho, Apurímac y las alturas de Arequipa e hice muchas entrevistas. Y, como docente de profesores que vienen del interior del país, nunca dejo de pedirles que me cuenten de sus pueblos.