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Jean Pierre Magnet: "De niño, me atrajo la forma y el sonido del saxofón"

2005/02/26
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jchueca@peru21.com Jean Pierre Magnet MÚSICO Yo crecí en el hotel Country Club de San Isidro. Mi padre era el gerente; entonces, viví ahí desde los dos años hasta los trece. Y en el ambiente se escuchaba el saxofón, así que empecé a tocarlo a los 10 años. He tenido los privilegios de un príncipe", recuerda Jean Pierre Magnet. Conversamos mientras limpia su instrumento. BMismo Un mundo para Julius. B Justo el otro día me encontré con Bryce, en la calle. Y como él tiene unos lindos recuerdos del Country Club, le dije, señor Bryce, mi nombre es Jean Pierre Magnet. Sí, he conocido a tu padre, era el gerente del hotel. Hemos compartido ese hermoso lugar, me dijo. Algún día nos encontraremos para comentar el tema. ¿Qué tenía que ver el hotel con un instrumento como el saxo? Como en esa época no había TV, yo dormía todas las noches arrullado por el grupo musical que estaba en el restaurante. Era una sección rítmica: piano, bajo, batería, guitarra, saxo y cantante. En esa época, me entró la inquietud musical y empecé a descartar instrumentos para tocar: el piano era muy grande; el bajo a uno no le llama la atención de chiquito, porque no suena; la guitarra la tocaba todo el mundo; y del saxofón me atrajeron el sonido. y su forma. Sí, su forma. Además, en ese tiempo empezaron a salir las películas de rockn roll de Bill Halley y sus Cometas y las de Elvis. ¿Y su padre lo apoyó en esto? Mucho. En tres días me compró el saxo. Él era bajofrancés, nacido cerca a España. Vino escapándose de la guerra. Llegó al hotel Bolívar y, luego, se lo jalaron al Country Club. A los 14 años, cuando él murió, fui a su tierra y descubrí por qué me había apoyado tanto: la tradición allá es cantar. Cantan en la iglesia, en las reuniones familiares. Siempre cantan. ¿Con quién aprendió a tocar? Con el saxofonista del club. Luego toqué en conjuntos del colegio. Teníamos un grupo con Javier Diez Canseco. Organizábamos nuestras fiestas en las canchas de fulbito de las parroquias. Hacíamos puro rock, las canciones que más nos gustaban de esa época, Rolling Stones, los Birds, los Kinks, nuestros temas originales. Supongo que sería muy interesante con las chicas estar en la banda. Claro. Lógico. Eramos el punto de atracción, en las fiestas de prom y de preprom. Tocábamos cuatro horas. Lo que pasa es que, en esa época, la salsa no se escuchaba mucho. Pero no era como lo de hoy, ni hablar. Nuestras fiestas terminaban a la 1 de la mañana, como gran amanecida. ¿Y Traffic Sound? Al salir del colegio armamos Traffic Sound, con Manuel Sanguinetti, que era el cantante, Willy Barclay, Willy Thorne, Luis Nevares y Freddy Rizo Patrón. Y con ese grupo tocamos tres años. Sacamos cuatro LP. ¿Por qué se acabó el grupo? Porque ya todos mis compañeros habían estudiado sus carreras. Les planteé el asunto y les dije, ¿qué hacemos, seguimos con Traffic Sound pero ya profesionalmente, a otro nivel, o se dedican a sus carreras?. Y todos me dijeron que se dedicaban a sus carreras... Y me quedé solo. Así que empecé a estudiar Economía en la U. Católica. Trató de tener una carrera seria. Sí. Pero me di cuenta de que quería ser músico. Me fui a Argentina dos años. Estuve estudiando y mirando cualquier cantidad de conciertos. Ahí empecé a aficionarme por el jazz. Mi madre me apoyó y me fui a Estados Unidos, a una universidad en Mississippi y, de ahí, a Boston, donde estuve dos años y medio más. Allá vi a los mejores jazzistas del mundo. En un local enano, por 15 dólares, uno veía a gigantes en vivo. Ahí nomás, a 10 metros. ¿Y cómo era el ambiente? Tocaban sin mucha amplificación. Hasta cierto punto, eso cambió mi vida, porque yo estaba harto de estudiar tanta teoría. Recuerdo que fui a ver a Sony Rollins, mi máximo ídolo, y hubo apagón, pero él siguió tocando entre las mesas. Él me demostró que el vacilón del saxo es tocarlo solito. No hablo en términos comerciales sino esenciales. Uno agarra su instrumento y le saca la música, lo demás es el marco. ¿Y qué hizo usted? Me fui a San Francisco, a tocar en las calles. Lo opuesto a lo que había buscado hasta entonces, que era estudiar en las mejores escuelas. B¿Y qué hubo? B Muchos nervios. En San Francisco está el muelle de pescadores, que ya no tiene pescadores, pero que es muy turístico, con muchos músicos ambulantes. Ahí me puse a tocar una canción de Stevie Wonder llamada Isnt She Lovely, que toqué como quince días, todos los días. ¿Y sacaba dinero? Sacaba unos 15 dólares diarios, que tiraban en mi estuche abierto. A las 4 ó 5 de la tarde, terminaba. Me iba y, viendo el Golden Gate, nos quedábamos conversando con los músicos. Aguanté tres semanas y, de ahí, me fui a Santa Bárbara, en California. Allá pasé los años más felices de mi vida. ¿Y por qué regresó al Perú? Porque se me ocurrió poner una discoteca acá. Vine y abrí Reflejos, la que quedaba por el zanjón. Fue un éxito. Luego, pasó a Studio 92. Y yo me enamoré, me casé y me quedé. ¿Cuántos hijos tiene? Tengo dos, uno en mi matrimonio y otro fuera de él. Con mi hijo de 18 años, Lucien, vamos a debutar juntos en marzo, con música electrónica y saxo. Usted ha logrado vivir como músico. He trabajado haciendo de todo. En EE.UU. he sido lavaplatos, grifero, verdulero, que fue lo que más me gustó. Y una vez tuve una experiencia extraordinaria: trabajé en esas plataformas petroleras en el Golfo de México. ¿Cómo así? A la salida del río Mississippi están todas las empresas contratistas de las petroleras de la zona. Es un ambiente muy rudo. A las cuatro de la mañana, con el overol y las botas puestas, uno se paraba ahí, las grúas entre la bruma, y llegaban a reclutar gente para el día o la semana. A veces uno no agarraba nada, pero pagaban bien. Decía que era un ambiente rudo. Mucho. Yo tenía 22 ó 23 años, y estaban todos estos gringos recios. Había que trabajar en las cañerías que pasaban por pantanos llenos de culebras. Yo me muero con las culebras. Y en los botes me mareo; entonces, cuando íbamos a la plataforma, me la pasaba vomitando, mientras los patas se reían. Misma película. ¿Y por qué se metió en eso? Yo me metí cuando era estudiante y necesitaba el dinero para comprarme un saxo soprano. Pero fue chévere, porque, después de eso, cualquier otra cosa ya parecía un juego.