Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
"Yo procedo de un hogar muy ligado a la cultura. Mi papá fue folclorólogo y por mi mamá amamos la lectura; ella estaba convencida de que no tenía que explicarme nada de la vida, que yo podía aprenderlo todo en los libros", cuenta Isadora de Norden. ¿Usted se dedicó al arte? Yo estudié en el Conservatorio de Música, estudié flauta y percusión como instrumento principal. Cuando estudiaba, tocaba a veces con la orquesta sinfónica pero, en cierto momento, me entró una preocupación muy terrenal: en Colombia solo había en esa época una orquesta sinfónica y cuatro percusionistas. O sea que no tenía la menor oportunidad de conseguir trabajo ahí. Pero después obtuve una beca para estudiar cine en París. ¿Y ejerció? Mucho tiempo. Yo fundé la primera cinemateca de Bogotá y la dirigí nueve años. Y, después, fui gerente del Instituto de Cine Colombiano. Ha trabajado más en gestión cultural que en creación. ¿Por qué? Soy básicamente una gestora cultural. Tengo 35 años trabajando en el medio cultural. Yo creo que, hoy en día, alguien que trabaja con la cultura y no es un gestor está perdido. Es una exigencia. ¿Por qué está tan segura? Fui directora de Relaciones Culturales de la Cancillería colombiana en dos oportunidades, directora del Instituto de Cultura de Bogotá, trabajé en París en la Unión Latina, en el 2000 creé una fundación para proyectos sobre patrimonio inmaterial, y hace tres años trabajo con el tema del libro. Me di cuenta de que la gestión era necesaria en el transcurso de toda esta experiencia. Uno no puede sentarse de brazos cruzados en una institución cultural y esperar a que llegue el presupuesto. Uno tiene que hacer gestión. Cambió su inquietud creativa por una inquietud hacia la gestión. Hoy en día, los directores de teatro, de orquesta, todos tienen que hacer gestión, todos tienen que saber presentar un proyecto. En Colombia, un problema era que los creadores no sabían presentar un proyecto para conseguir recursos. Entonces, no basta ser solo genial o inteligentísimo. Hay que aterrizar en la realidad sino, desafortunadamente, la creación se ve muy limitada. Usted dirige Cerlalc. ¿Qué es? Es el Centro Regional para la Promoción del Libro, las Bibliotecas y el Derecho de Autor en América Latina, el Caribe, España y Portugal. Fue fundado en 1971 por la Unesco, con sede en Colombia. Tenemos 21 países afiliados. La gente suele pensar que la cultura es solo gasto. No es así. Las industrias culturales generan parte importante del PBI. Estas industrias son las que producen cine, libros, música... Además, también generan una cantidad importante de empleo. En términos monetarios, los aportes de la cultura son importantes. En comprensión de lectura, el Perú está en la cola de la región. La gente lee, pero no entiende lo que lee. La comprensión de lectura es un tema fundamental. No queremos solo que la gente lea sino que entienda lo que está leyendo. De otro modo, ¿qué ciudadanos de tercera estamos logrando? Un ciudadano no puede ejercer sus derechos democráticos si no está en capacidad de entender lo que lee. No puede asumir posiciones y defender esas posiciones ni entender las posiciones de los demás. Pero, también, un ciudadano necesita entender textos complejos, como un contrato o un estado de cuenta. Todo eso hace un ciudadano completo. ¿Qué la trae al Perú? La Fundación BBVA, cuyo trabajo para la comprensión de lectura nos interesa mucho. Ellos han tenido la visión –lo que no es usual– de entender que cada cartilla educativa con la que se trabaja debe adaptarse a cada región en la que se use. Otro punto básico es que trabajan con los maestros. Si hay alumnos que no entienden es que los maestros no entendieron tampoco. Se necesitan bibliotecas escolares donde los niños encuentren pluralidad de textos para que entiendan que el mundo es ancho y ajeno. ¿Pero cómo se sabe si funciona? Es importante que se evalúe el trabajo que se hace en todos los campos. Uno debe saber qué debilidades y qué fortalezas tiene el trabajo realizado. Lo otro es que ellos entienden que no solo el Estado tiene la obligación de aportar en esto. También lo tienen la sociedad civil y la empresa privada.