Además:

Iras no tan santas

2008/08/09
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La soberbia es mala consejera, e induce al error incluso en alguien curtido como el presidente Alan García, quien ayer maltrató, con prepotencia, al reportero Walter Samuel Neyra, de RPP, solo por cumplir con su trabajo. La 'impertinencia’ que despertó la ira presidencial fue sobre la designación, como nuevo director ejecutivo de Foncodes, de Carlos Arana, quien hace un tiempo duró solo 48 horas como viceministro de Vivienda. El presidente tiene el derecho de defender un nombramiento, pero es incomprensible que, por ello, pierda los papeles, e inaceptable que sugiera el despido del periodista. Abusando del poder de su alta investidura, García dijo: “lamento que RPP dé sus micrófonos a una persona tan mal informada”. Lo lamentable habría sido que Neyra no hiciera la pregunta ineludible del día. ¿O para qué cree el mandatario que está un periodista? ¿Para hacerle barra? ¿Para pasarle la franela? No es primera vez que el presidente sugiere despedir al periodista que no le da en la yema de gusto; antes lo hizo con Carlos Villareal, de la misma RPP. Y, ahora, varios ministros lo remedan, poniéndose igual de malcriados con el reportero que no les pregunta lo que quieren. La designación de Arana, como cualquier acto de gobierno, se puede criticar –¿o eso quiere prohibir su excelencia?–, no solo por la vinculación con un condenado por corrupción como Agustín Mantilla, o por sus métodos violentos al tratar con la prensa, sino, principalmente, porque parece incorrecto que el encargado de organizar los mítines políticos del presidente conduzca un programa social tan importante como Foncodes. El combate a la pobreza es una labor muy técnica y especializada, y sería inmoral juntarla con el proselitismo político. ¿Con estos criterios manejará el gobierno el fondo de captación de gerentes en el sector público? En la última elección, en una conversación con periodistas experimentados, uno de ellos planteó que, desde el interés de la libertad de expresión, convenía votar por García y no por Ollanta Humala, ante lo cual yo me permití plantear riesgos en ambos casos: en el 'nacionalista’, una eventual estatización, y con el aprista, su vocación por acercarse y presionar al propietario del medio. Habrá que ver hasta dónde quiere empujar ahora el presidente.