Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Cuando se piensa en las matemáticas, la primera asociación que viene a la mente es exactitud, vale decir, la habilidad de combinar números o símbolos que los representan para obtener un resultado, y ese resultado, por lo menos en la mente de la mayoría, tiene que ser uno y no otro, vale decir, exacto. Las habilidades subyacentes en ese tipo de operaciones son muy recientes o, en todo caso, se trata de los efectos secundarios e inesperados de logros cerebrales más antiguos que sirvieron recién hace relativamente poco en nuestra historia. Están ligados, en todo caso, a la capacidad de simbolización inherente en el lenguaje. Pero pensemos en una tarea ligada a la numerosidad: la diferencia entre uno y muchos, entre poco y bastante. Se trata de una distinción invalorable cuando se trata de sobrevivir. La poseen los ratones de laboratorio, las palomas y los bebés de pocos días. En ese caso, el organismo debe poder intuir, escanear rápidamente y decidir en pocos segundos entre las mencionadas categorías. Ya se había hecho muchos experimentos sobre la percepción casi inmediata de la numerosidad –para el número en el sentido de los dos primeros párrafos hay que esperar a que los bebés se conviertan en niños y, aparentemente, solo la poseemos los humanos– en diversos animales. Lo interesante es que los dos sistemas parecen estar ligados de manera que aún no comprendemos. Por ejemplo, los niños que pueden discriminar mejor si hay más bolitas rojas que negras en una proyección brevísima sobre una pantalla se convierten en adolescentes que manejan mejor las matemáticas más abstractas y resuelven con mayor facilidad problemas formales. Lo anterior quiere decir que permitir que los más pequeños se ejerciten en problemas como determinar con una sola mirada dónde hay más de tal o cual cosa, en qué parte del campo de juego hay más gente, cuál es el color más frecuente en una fiesta, cuántos carros pasan por una calle mientras dura una canción, etc., vale decir, problemas que requieren estimaciones, aproximaciones, intuiciones y globalizaciones, podría no ser una pérdida de tiempo e ir en el sentido de un mejor futuro cuando se trate de encontrar la respuesta a una ecuación de primer grado. Es el tipo de investigación en neurociencias que puede tener un impacto interesante en las maneras de enseñar una disciplina que siempre genera ambivalencia en los alumnos, la mayor parte de los cuales siente que las matemáticas configuran un mundo extraño y potencialmente hostil.