Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Cuando ocurren incidentes como el del espía, la atmósfera se enardece, se tiende a perder la objetividad con facilidad y se ataca con ligereza a cualquiera que piense diferente, mientras que los extremos lo único que quieren es aprovecharse de la ocasión. Lamentablemente, es más fácil sumarse a una corriente vehemente que mantener la coherencia, por lo que mucho me temo que es posible que terminemos disparándonos al pie como país y pongamos obstáculos al comercio bilateral. Incluso, el Tribunal Constitucional –que tiene un verdadero prontuario de fallos este año– ya dio aviso de que está ad portas de tomar una decisión sobre el TLC con Chile, por lo que es muy probable que dé un fallo que sea 'popular’. Al final, los más perjudicados serán trabajadores peruanos, pero eso tiene a muchos, que manejan otra agenda, sin cuidado. Por otro lado, deberíamos tratar de aprender lecciones de este fiasco para no repetirlo. La primera que salta a la vista es que tanto la Fuerza Armada como la Policía tienen un serio problema con las labores de Inteligencia. Es increíble que este suboficial haya espiado durante tantos años sin ser capturado, pese a que no parecía ser muy sofisticado pues mantenía todos sus ingresos ilegales –varias veces superiores a su salario– en una cuenta de banco, por lo que solo por lavado de activos debió ser identificado. También llama la atención que uno de sus cómplices haya salido tan fácilmente del país. De cualquier forma, supongo que pronto harán un post mórtem de este caso para determinar con exactitud en dónde se ha fallado. Sin embargo, sin tener que esperar ese resultado, es evidente que no tenemos servicio de Inteligencia. Desde que la fuga, y posterior captura, de Montesinos llevó a su apresurado y desordenado desmantelamiento, se han multiplicado los incidentes que han cogido de sorpresa a las autoridades por la falta de Inteligencia previa. Así hemos tenido el 'Arequipazo’, el 'Andahuaylazo’ y el 'Baguazo’, por citar solo las peores tragedias de una larga serie de incidentes. Más aún, ahora mismo, lo que está ocurriendo en Abancay y en Espinar no parecen ser protestas espontáneas de la población sino, más bien, intentos bien organizados para generar convulsión. Por lo tanto, si al menos queremos sacar algo de provecho de este incidente, el Gobierno debería abocarse, con urgencia, a reconstruir un servicio de Inteligencia.