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La inseguridad masculina

2009/12/09
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Pocas veces un post, en lugar de comentarios, provoca insistentes llamadas telefónicas. Esta es la historia secreta de 'El hombre que no podía eyacular’, un texto que paralizó a varios hombres en Lima: conocidos, ex parejas de mis amigas, antiguos compañeros de trabajo y colegas. Pero, vamos por partes: ¿Quién fue el motivo de mi inspiración? El desaparecido novio de una vieja amiga (que no es periodista), un chico que –como conté para el blog– se sentía orgulloso de su pasado sexual y de controlar su eyaculación. Respecto a su miembro viril, precisé que ostentaba una pieza grande y gruesa. En verdad, el tipo estaba muy bien con esos cabellos pelirrojos que a veces caían sobre su frente y con su mirada de macho infalible. Era un encanto: inteligente y atractivo. En la cama, sin embargo, fallaba. Y mi amiga –un día cualquiera– comenzó a hartarse. Esperar que él explotara de placer y, al fin, eyaculara, se transformó en una batalla perdida. Ella pensaba que no era lo suficientemente mujer para motivarlo y, al mismo tiempo, se preguntaba cosas del tipo: ¿Será gay? Lo peor de este sujeto no era su 'problemita’, sino su actitud: “Soy así”, “¿Acaso no sientes?”, y “No tiene nada de malo”. Con estas frases, el hombrecito en cuestión ponía punto final a un tema que acabó con la paciencia, el deseo y el amor. FIN. -¿Has escrito de mí? –preguntó M. -¡Cómo te pudo ella contar esas cosas de mí! –increpó H. -Ella es una mentirosa, y es la culpable de lo mal que nos fue… El problema jamás fui yo –explicó T. -Ese hombre que no podía eyacular es idéntico a mí, pero no soy yo. A mí no me pasa eso –replicó. -Me parece increíble que hayas dicho eso de mí –aseveró D. Y yo le dije: “No me estaba refiriendo a ti”. Y él insistió: “Claro que soy yo”. Y tuve que ir a un detalle que hubiera preferido jamás mencionar: “Hasta dónde sé, no lo tienes grande y largo”. Silencio, silencio. “¿Aló?”. Luego, D me mandaría un e-mail para disculparse por el exabrupto o por las dimensiones de su pequeñez. No importa, pero me causó mucha gracia. -Te voy a matar –vociferó una voz ronca. Y colgó el celular. Sabía quién era, y sabía también que no era el hombre que no podía eyacular. Al menos, su novia jamás se había quejado de su performance sexual. Al contrario, hablaba tan bien de su arte para el sexo, que todas la envidiaban (y me incluyo). Todo el lío generado por este post (y eso que no estoy detallando los mensajes privados que me llegaron en Face-book y en Twitter) me hizo confirmar algo de lo que frecuentemente hablamos las mujeres: la inseguridad masculina. Los hombres –por suerte, no todos– andan aterrados con una serie de cosas que, a la larga, los hacen infelices. Vamos a precisar cinco de los temores más frecuentes: -El tamaño del pene. -El grosor del miembro. -La cantidad que eyaculan. -El tiempo que tardan en eyacular. -La contundencia de la erección. Muchas de las disfunciones sexuales masculinas tienen que ver con la inseguridad del hombre. La falta de eyaculación es un problema que afecta a, por lo menos, el 4% de machos en el mundo. Aunque algunos especialistas consideran que la cifra alcanza al 10%, lo cierto es que este tema es a menudo silenciado, al igual que la eyaculación precoz. Si pasas la marca de los 30 o 45 minutos, deberías preo-cuparte. Y, más allá de la performance sexual, lo grave es que la eyaculación retardada está asociada a enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la ingesta de antidepresivos. También tiene que ver con fobias, con personalidades obsesivas, con depresión y con trastornos de ansiedad. Según el doctor Adrián Sapetti, el varón que padece esta situación vive un estado de ansiedad y exigencia que agudiza el cuadro. “Está muy pendiente de si va a terminar o no, y esto le impide relajarse y disfrutar, de manera calma y placentera, del encuentro amoroso. Suelen ser personas con alto grado de control en casi todas sus actividades, les cuesta aflojarse y dejarse llevar por las sensaciones placenteras, en muchos casos con un alto monto de angustia de castración con conductas evitativas y fóbicas. Así, en el momento de mayor goce previo al orgasmo, están pensando en lograr la meta tan ansiada, se ponen rígidos y tensos, transpiran y aprietan sus mandíbulas: de esa manera pasan de una situación placentera a otra esforzada”, detalla en su sitio Sexovida.com. Sapetti marca diferencia entre la eyaculación retardada y el orgasmo anaeyaculatorio (siente que termina, pero no sale semen por la uretra). En este caso, precisa, el líquido seminal va hacia la vejiga. Causas: problemas prostátiles o consumo de algún fármaco. También se debe a una falta de producción de semen. Pese a lo complejo e importante del tema, muchos se tomaron la historia del hombre que no podía eyacular como algo personal, una afrenta o una venganza del género femenino contra el amante latino. Espero que ahora sí haya quedado claro el asunto. Y como informé en Twitter: #noerestu